Me apresuro a dar luz a este artículo, también apresurado, para que lo puedas leer antes de la toma americana de la perla del Caribe. Esta es la intención, aunque me gustaría equivocarme, que el Pelopanoja diera marcha atrás y Cuba pudiera, sin el embargo, vivir libremente su propia vida.
Cubita la bella era el nombre que se le daba a aquella
ciudad o país que nadie conocía, aunque había un firme consenso sobre el
asunto. Yo era un niño y se hablaba en las cocinas y en las tertulias —por
llamarlas de alguna manera— como si lo conociéramos. Tampoco conocíamos México,
por poner un ejemplo, pero no era tan bonito como Cuba.
Escuchábamos los nombres de Fulgencio Batista, que tenía
mala fama y, sobre todo, bajo cuyo gobierno Cuba era el paraíso de la
prostitución -no sabíamos bien lo que era- y toda clase de vicios, de modo que
para los americanos no había presidente como él, mas no me pregunten el porqué,
pero a mis doce o trece años, las fuerzas de Fidel Castro, que iba con su
hermano Raúl, el Che Guevara y Camilo Cienfuegos, entre otros que no recuerdo,
se hicieron con el poder. Este hecho fue decisivo en la historia cubana: tener
siempre enfrente a los americanos, desde 1959 hasta hoy.
Lo que sí lograron fue alcanzar una verdadera
independencia, nacionalizaron la tierra y empezaron a exportar azúcar, tabaco,
ron y todo lo que producían. La necesidad y las ideas comunistas llevaron a
Cuba a la órbita rusa. Soldados cubanos participaban, junto a médicos cubanos,
claro está, en las guerras de África, en las que aquellos países buscaban su
independencia. Esto era pagado por la URSS en lo que fueron buenos años para
Cuba. Pero la caída de la URSS, años después, trajo consigo los llamados períodos
malos que no han terminado.
Primero, Cuba había soportado la presencia americana, siendo
el prostíbulo cercano y el país de vacaciones. Después hubo de soportar el
famoso embargo como medida para evitar el comercio con terceros. No es extraño
que estos reveses hayan acabado con lo poco de lo que Cuba disponía. Ahora USA, cuando tenga un rato libre, tomará el poder en La Habana apelando a esa extraña
y antigua ley que dice que los americanos pueden quedarse con lo que deseen,
sobre todo si la conquista es fácil. Se dice que sus dioses les han otorgado
dicho poder. Benditos sean.