Todo lo que sigue a continuación lo he conseguido en una
visita al Museo Ferroviario, sito en Azpeitia, Guipúzcoa, que solamente por el
material que expone merece ser visitado. El Museo abarca todo lo se puede
esperar, incluyendo la máquina herramienta con la que reparaban las piezas para
el mantenimiento. Hay una colección de vagones y máquinas de vapor dignos de
visitar, y aparte de todo esto se puede disfrutar de un paseo en una máquina de
vapor mantenida en perfectas condiciones. La parte que yo les traigo
relacionada con el aprovechamiento de trabajadores republicanos después de la
guerra, es igualmente interesante. Veamos:
El sistema de redención de penas por el trabajo, ideado
para presos políticos, tuvo un carácter voluntario remunerado, y consistía en
redimir días de prisión por días de trabajo. La reducción de condena era de un
día por día trabajado, junto con el sueldo, de 2 pesetas diarias, que raramente
se cobraba: en la mayoría de los casos el dinero no fue a parar al bolsillo de
los trabajadores sino al de las autoridades y de las personas al cargo de los
trabajadores forzados. El estado franquista no fue el único beneficiado de la
aparición de trabajadores forzados. Ayuntamientos, diputaciones y empresas de
todo tipo, especialmente las de construcción se vieron favorecidas por la
aparición de la mano de obra esclava.
Desde el año 1944 trabajaron más de un centenar de
“libertos”, llamados así los presos que habían sido ya indultados o que habían
cumplido condena. Estos presos, al haber sido desterrados de su lugar de origen
por la dictadura, y por tanto no poder volver a sus pueblos, se quedaron en Gernika
manteniendo el alojamiento en un principio en Los Agustinos y pasando después a
vivir mayoritariamente en las viviendas sindicales.
El Destacamento Penitenciario de Bermeo fue formalmente
inaugurado el 21 de enero 1953. En sus primeros días, este centro de reclusión
contó con 20 penados, ninguno de ellos identificado por el régimen franquista
como condenados por participar en la “rebelión marxista”, aunque es probable
que alguno de ellos cumpliera condena por motivaciones de carácter político.
A pesar de que el ferrocarril fue inaugurado y trabajaba a
pleno funcionamiento, los hombres tuvieron que seguir trabajando en obras
accesorias hasta dejarlo definitivamente terminado. Una vez terminadas las
obras, los 30 presos que permanecían en el destacamento, fueron trasladados a
otros centros en Madrid y Murcia, donde permanecieron trabajando para Banús
Hermanos.
El horario laboral era de 8 a12 del mediodía, parar a comer
y retornar al trabajo de 2 a 6 de la tarde. Finalizada la jornada, retorno al
presidio, recuento, arenga, himnos, bajada de bandera y disfrute de un pequeño
descanso antes de la cena. El recuerdo de todos ellos era el hambre que pasaban
y que se paliaba con los chuscos y comida que, con discreción en plena obra,
les facilitaban los habitantes de Gernika. Así, monótonamente, todos los días,
excepto el domingo, día que era obligatorio acudir a misa.
Vestidos con buzos azules y un uniforme de color claro, los
presos trabajadores laboraron en unas condiciones de seguridad e higiene
lamentables. Es recordado en la localidad el ruido que producían al andar y
llegar en formación debido a unos chanclos de madera que calzaban. Para
mantener su higiene recurrían a una manguera de agua corriente en el patio del
colegio
En resumen, los presos estaban sujetos a un sistema de
explotación aprovechando esa mano de obra por una nimiedad de salario, manteniendo
a esas personas con unos ranchos mínimos, utilizándolos para otros menesteres
diferentes a los que estaban señalados, trabajar para empresas privadas que se
aprovechaban de ellos, etc. La realidad de ese sistema no difiere de lo que se
ha hecho a través de los siglos esclavizando personas que fueron personas
libres: la esclavitud en el siglo XX.
La guerra civil española terminó en 1939, es decir, duró
escasamente tres años. El 1 de abril de 1939, el Caudillo leyó: En el día de
hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales
sus últimos objetivos militares la guerra ha terminado. Es decir, si interpretamos bien sus
palabras, había un Ejército Nacional y un Ejército Rojo, el primero, eso,
nacional, y el otro, pues eso, rojo y no nacional. Entonces a ese ejército
foráneo había que tenerlo prisionero, y mejor, ponerlo a trabajar y que pagara
las fechorías producidas. La responsabilidad de la guerra era claramente suya.
La España nacional, la España sana hubo de levantarse ante los desmanes rojos:
no había otro culpable que las hordas de izquierdas. Ahora tenían que pagar por
lo que hicieron, eso es lo que vamos a tratar en la tercera y última entrega.
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