viernes, 6 de febrero de 2026

Cosas de la guerra (2)

 




Todo lo que sigue a continuación lo he conseguido en una visita al Museo Ferroviario, sito en Azpeitia, Guipúzcoa, que solamente por el material que expone merece ser visitado. El Museo abarca todo lo se puede esperar, incluyendo la máquina herramienta con la que reparaban las piezas para el mantenimiento. Hay una colección de vagones y máquinas de vapor dignos de visitar, y aparte de todo esto se puede disfrutar de un paseo en una máquina de vapor mantenida en perfectas condiciones. La parte que yo les traigo relacionada con el aprovechamiento de trabajadores republicanos después de la guerra, es igualmente interesante. Veamos:      

El sistema de redención de penas por el trabajo, ideado para presos políticos, tuvo un carácter voluntario remunerado, y consistía en redimir días de prisión por días de trabajo. La reducción de condena era de un día por día trabajado, junto con el sueldo, de 2 pesetas diarias, que raramente se cobraba: en la mayoría de los casos el dinero no fue a parar al bolsillo de los trabajadores sino al de las autoridades y de las personas al cargo de los trabajadores forzados. El estado franquista no fue el único beneficiado de la aparición de trabajadores forzados. Ayuntamientos, diputaciones y empresas de todo tipo, especialmente las de construcción se vieron favorecidas por la aparición de la mano de obra esclava.

Desde el año 1944 trabajaron más de un centenar de “libertos”, llamados así los presos que habían sido ya indultados o que habían cumplido condena. Estos presos, al haber sido desterrados de su lugar de origen por la dictadura, y por tanto no poder volver a sus pueblos, se quedaron en Gernika manteniendo el alojamiento en un principio en Los Agustinos y pasando después a vivir mayoritariamente en las viviendas sindicales.

El Destacamento Penitenciario de Bermeo fue formalmente inaugurado el 21 de enero 1953. En sus primeros días, este centro de reclusión contó con 20 penados, ninguno de ellos identificado por el régimen franquista como condenados por participar en la “rebelión marxista”, aunque es probable que alguno de ellos cumpliera condena por motivaciones de carácter político.

A pesar de que el ferrocarril fue inaugurado y trabajaba a pleno funcionamiento, los hombres tuvieron que seguir trabajando en obras accesorias hasta dejarlo definitivamente terminado. Una vez terminadas las obras, los 30 presos que permanecían en el destacamento, fueron trasladados a otros centros en Madrid y Murcia, donde permanecieron trabajando para Banús Hermanos.

El horario laboral era de 8 a12 del mediodía, parar a comer y retornar al trabajo de 2 a 6 de la tarde. Finalizada la jornada, retorno al presidio, recuento, arenga, himnos, bajada de bandera y disfrute de un pequeño descanso antes de la cena. El recuerdo de todos ellos era el hambre que pasaban y que se paliaba con los chuscos y comida que, con discreción en plena obra, les facilitaban los habitantes de Gernika. Así, monótonamente, todos los días, excepto el domingo, día que era obligatorio acudir a misa.

Vestidos con buzos azules y un uniforme de color claro, los presos trabajadores laboraron en unas condiciones de seguridad e higiene lamentables. Es recordado en la localidad el ruido que producían al andar y llegar en formación debido a unos chanclos de madera que calzaban. Para mantener su higiene recurrían a una manguera de agua corriente en el patio del colegio

En resumen, los presos estaban sujetos a un sistema de explotación aprovechando esa mano de obra por una nimiedad de salario, manteniendo a esas personas con unos ranchos mínimos, utilizándolos para otros menesteres diferentes a los que estaban señalados, trabajar para empresas privadas que se aprovechaban de ellos, etc. La realidad de ese sistema no difiere de lo que se ha hecho a través de los siglos esclavizando personas que fueron personas libres: la esclavitud en el siglo XX.

La guerra civil española terminó en 1939, es decir, duró escasamente tres años. El 1 de abril de 1939, el Caudillo leyó: En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares la guerra ha terminado.  Es decir, si interpretamos bien sus palabras, había un Ejército Nacional y un Ejército Rojo, el primero, eso, nacional, y el otro, pues eso, rojo y no nacional. Entonces a ese ejército foráneo había que tenerlo prisionero, y mejor, ponerlo a trabajar y que pagara las fechorías producidas. La responsabilidad de la guerra era claramente suya. La España nacional, la España sana hubo de levantarse ante los desmanes rojos: no había otro culpable que las hordas de izquierdas. Ahora tenían que pagar por lo que hicieron, eso es lo que vamos a tratar en la tercera y última entrega.

 

 

sábado, 17 de enero de 2026

Cosas de la guerra (1)

 




Estas líneas de hoy forman la primera parte de un conjunto de tres entregas con las que quiero poner de manifiesto lo que suele ocurrir durante o después de las guerras, que no es otra cosa que aprovecharse, por parte del lado que va ganando, para hacer algo que suele quedar para el futuro.

En esta primera entrega vamos a hablar de una película, basada en una novela de los años 42-43 del siglo pasado, durante la Segunda Guerra Mundial. El título es El puente sobre el Río Kwai, que muy posiblemente pueda ser recodada por algunos de ustedes. La historia se basa en el hecho de que el Ejército Japonés en su avance hacia Birmania se encontró con ese dichoso río que le cerraba el paso. A su vez, fuerzas inglesas estaban de retirada en esa misma orilla. El mando japonés discurrió que, utilizando aquella mano de obra joven podría construir el puente; además era mano de obra gratis. Pero no conocía el carácter británico, cuyo jefe alegó que la Convención de Ginebra le excusaba de hacer trabajo alguno estando preso. El Japonés puso a trabajar a los soldados ingleses y encerró a su homónimo inglés con el pesar de sus hombres. Estos, se negaron a trabajar en tanto su jefe permaneciera retenido en malas condiciones. Pero la obra no adelantaba hasta que, ¡oh!, el propio jefe inglés cambia de idea y todos los ingleses y él mismo, que conocía el oficio, aceptan trabajar en la construcción del puente, para satisfacción de todas las partes: Los Japoneses tendrán su puente y los ingleses demuestran su caballerosidad.

Esto venía a ser la situación en aquella orilla. Y en esto se basó la novela y después la película, que se estrenó en 1957 y tuvo un gran éxito. Yo, que soy de la cosecha del 46, la pude ver poco después y puedo decir que me gustó. Era una película muy entretenida, con los actores de moda en aquella época, y tenía una música que silbaban los soldados ingleses y que salimos todos del cine silbándola.

Y además, tiene una característica muy importante. Si volvemos al primer párrafo, aunque más de uno considere que me he pasado, el puente sobre el Kwai, existe en la actualidad y me permite escribir sobre un par de historias que vendrán a continuación. La primera versará sobre la utilización de prisioneros del Ejército Republicano en obras de un ferrocarril del norte, y la segunda sobre algo que conocerán mejor: la construcción del Valle de los Caídos, que tiene mucha más chicha.

viernes, 2 de enero de 2026

Derechos burlados

 










 Estas fotos tan mal hechas se encuentran a escasísimos metros de las fotos con las que he ilustrado los dos últimos articulillos. Es una pequeña parte de un parque ciudadano, que aún ofrece algún comentario posterior, pero no estoy seguro de que vaya a escribir sobre ello.

 

Pues bien, la primera foto, esa especie de bosque blanco trata estrictamente sobre la Declaración Universal de Derechos Humanos, la cual fue aprobada por la ONU en 1948: por primera vez se admite y se proclama que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, sin distinción de raza, sexo, nacionalidad y todo lo que quieran. Aquí se integran derechos civiles, políticos, económicos, sociales o culturales, el derecho a la vida, la libertad, la educación, el trabajo o a tener una vivienda digna. Cada árbol blanco contiene un recordatorio de tales derechos, incluido el de tener esa vivienda, además digna. Eso es el recordatorio que contiene la segunda foto.

 

Foto para la satisfacción de todos aquellos que luchan por esos derechos que conforman la paleta de colores para toda la humanidad. Entre sus contrarios puede contarse a los que piensan que se puede y se debe tratar de alcanzar un bienestar individualmente; la inmensa mayoría no piensa nada y busca, a ciegas, ese bienestar propio. Por otro lado, ese niño que nace en el lugar más recóndito de la más intrínseca selva del globo terráqueo, sería acreedor a cualquier derecho enunciado más arriba. Decimos sería porque no todos los países ni mucho menos, suscribieron esta Declaración, por lo que, en 1976, con la experiencia conseguida, se firmaron el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Pero aún el niño, al que hemos hecho mención, seguirá sufriendo, porque si bien en la actualidad, todos los países miembros de la ONU han ratificado, al menos, uno de los tratados básicos de derechos humanos, y el 80% de ellos han ratificado cuatro, todavía no se asegura que un niño desvalido tenga el mínimo necesario para subsistir.

 

Ya saben que, la Constitución Española, artículo 47, dice que todos los españoles tenemos derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada, etc., etc. También saben que la Constitución es fija y no se puede modificar, salvo que haya un acuerdo vía Congreso, que bien se ocuparon los herederos políticos del Dictador para que esos cambios fundamentales necesitaran una mayoría más que suficiente.

 

Produce cierta desilusión, cierta angustia, saber que todo quedará igual. Hemos de recordar que hace unos tres o cuatro años, cuando el gobierno español quiso implementar un impuesto de 2.500 millones de euros al sector bancario que andaba rondando los 30.000 millones de beneficios netos, respondió rápida la señora Botín advirtiendo de tal barbaridad y que eso hundiría la banca española. No mencionó que ella ganaba al año 13,77 millones de euros que suponían 226 veces más que el salario medio de sus empleados. Como es lógico el ejemplo de la banca es uno entre todos los sectores económicos nacionales; el afán recaudador de la clase alta y no tan alta, crece año tras año en tanto que millones de españoles han de apañarse con lo que humildemente ganen. Todavía esperamos aquellos 60.000 millones de ayudas a la banca que el ex presidente Rajoy, prometió que la banca devolvería; parece ser que no se han acordado. De otro lado, el año que ha acabado ha sido uno más de beneficios en Bolsa, que ha conseguido en su conjunto un 14% de revaloración. ¿Cuántos trabajadores en edad o jubilados invierten en ese mercado? Por último, otro mercado como es el del alquiler de la vivienda también ha conseguido ese último porcentaje de subida. ¿Hasta cuándo el alquiler que paga el trabajador en España seguirá mejorando el beneficio de los fondos americanos? Qué gran operación, a todas luces ilegal, fue vender a esos fondos varios miles de viviendas construidos para ir solucionando ese problema. Claro que la operación la llevó a cabo la esposa (Ana Botella, ex alcaldesa de Madrid) del que nos dice que “el que pueda hacer algo que lo haga”. ¿Se refería a eso?

 

Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?