lunes, 13 de abril de 2026

Hispanoamérica

 




En una entrada de este blog, hablábamos de las relaciones entre México y España, no de las comerciales o de otro tipo, sino sentimentales -no se me ocurre otra cosa más acertada para describir esas relaciones- con que cada parte considera los años de la conquista hasta la independencia. Esa entrada se titula “500 años” y se publicó el 26 de septiembre de 2020.  Si entran ahí podrán leer los puntos de vista opuestos de la versión del conquistador y la del conquistado. Y me parece conveniente leer esa entrada de hace seis años antes de continuar con estas líneas de hoy. Así se tendrá fresco lo escrito antes y se podrá pasar al texto actual.

 

Al fallecimiento del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, AMLO, que así se le conocía, sucedió la persona que creció políticamente con él, la actual presidenta Claudia Sheinbaum. AMLO tenía como antecedentes familiares españoles una abuela de un pueblo cercano al mío. La señora Sheinbaum por la vía de su padre desciende de una familia de judíos asquenazis, que son los mayoritarios en el norte europeo, procedente de Lituania y su madre proviene de Sofia, Bulgaria; ambos progenitores alcanzaron una educación universitaria, ya en México, al igual que su hija, que estudió en la UNAM del Distrito Federal. Fue segunda de AMLO y tras el fallecimiento de este, fue nombrada presidenta del gabinete, como hemos señalado más arriba.


El partido que asimismo dirige, el Movimiento por la Regeneración Nacional (Morena), si confiamos en lo que indica su nomenclatura, es un partido de izquierda cuyo objetivo no ha de ser muy distinto de los partidos que gobiernan en Colombia y en Brasil, cuyos presidentes respectivos Gustavo Petro, Luiz Inázio da Silva, o Lula, como se le conoce, están considerados de izquierda, sin lugar a dudas. Brasil tiene 213 millones de habitantes, México 130 y Colombia 53 millones, de modo que los tres son países muy grandes y lo que hagan ha de seguirse con atención. Se ha sumado también Uruguay, con su presidente Yamandú Orsi. Y sus 3 millones de uruguayos.

 

Pues bien, una iniciativa del presidente español es la que va a reunir la semana próxima en Barcelona a los representantes de Brasil y Colombia, habiéndose sumado también el de Uruguay. Por su lado la presidenta mexicana se ha autoinvitado porque ha entendido que era una oportunidad para restablecer las relaciones oficiales con España dañadas por el asunto del trato cuando la conquista, asunto del que hablábamos en el artículo “Quinientos años”. Es decir, si no hay gran diferencia desde el punto de vista político-social, se trata de salvar ese otro asunto que lleva ya quinientos años. Y también de agradecer el trato dado a los españoles que hubieron de refugiarse en aquellos países al final de la guerra del 36-39, fundamentalmente por parte mexicana.

 

Desde el lado español la política iniciada por España con el gobierno actual puede tomar mayor impulso y peso político en la situación actual. Me atrevería a señalar que en el viaje a China nuestro presidente habrá aprovechado esa oportunidad ante sus interlocutores; la adhesión de Portugal a este posible grupo debiera ser tenida en cuenta.

 

 

 

 

miércoles, 1 de abril de 2026

Begoña y Duluth

 





Aquella mujer, ya metida en años, pero con un andar decidido –me enteré de que era irlandesa, cuando se armó el jaleo– llegó al mostrador de embarque, puso la maleta sobre la cinta y se encaró con el funcionario, entregándole su pasaporte y el billete; es decir, lo que hace todo el mundo. Pero algo debió decirle el funcionario que a ella no le gustó. Se negó a bajar su maleta de la cinta y se enzarzaron en una discusión que mi inglés no conseguía entender del todo. Al poco, el empleado habló por su teléfono, y enseguida vinieron dos policías, hombre y mujer. Ella la agarró por el brazo sin cruzar palabra ni mirarla, su compañero cargó con la maleta y con la otra mano recogió el pasaporte y los papeles y los tres desaparecieron por donde los policías habían venido.

Se produjo un silencio sepulcral en nuestra fila y en las adyacentes, nadie sabía qué hacer. Todo el mundo tenía cara de circunstancias, y el que iba tras ella preguntó al funcionario qué había pasado. Este le contestó: "No es de su incumbencia, señor, pero dígame si se ha separado de sus maletas; si no lo ha hecho, deme su billete si quiere volar; esa señora ya no necesita el suyo, se lo digo por si quiere usted su asiento, que es de ventana. Y ya que es usted tan curioso, esa señora ya no volará en las próximas semanas, tiene mucho que declarar, la policía fiscal ha encontrado una nota en su expediente que dice que tiene cosas que arreglar con la autoridad. Les cuento esto para que sepan todos ustedes –mirando hacia los que nos habíamos acercado– que no se puede engañar a la policía federal, esa señora tenía una deuda impagada, y tarde o temprano, el delincuente acaba por caer. Uno preguntó: ¿Cuánto debía la señora? Unos 100 dólares, contestó el otro, una deuda vieja de la que se solía fanfarronear. Pero, ¿cuánto de vieja? Insistió otro. No se lo va a creer, pero esa deuda viene de hace unos treinta años, la señora es irlandesa, vino a nuestro país para casarse con otro irlandés, y debió pensar que América era como su país. Aquí no se puede engañar a la Administración, ya lo ven ustedes. Bien, continuamos el embarque.

Este tipo de cosas sucede a veces en los embarques en líneas aéreas americanas: que si lleva usted bien controlado su equipaje, que de dónde viene o dónde ha estado últimamente, cosas así. A mí me han preguntado varias veces por qué he viajado a Marruecos o a países del este, como constaba en mi pasaporte; en fin, cosas que no me preguntaron en esos lugares por haber viajado a USA. Recuerdo que este pequeño incidente de la irlandesa sucedió en el embarque hacia Duluth, el mayor puerto mercante del lago Superior, frontera natural entre USA y Canadá, segunda ciudad del estado de Minnesota, que se comunica, a través de la red de canales y lagos y tras navegar unas 2.400 millas, llega al océano Atlántico por el San Lorenzo.

Y todo esto viene a cuenta de lo siguiente: En una de las múltiples cenas que celebramos, en casa o fuera, entre Begoña y Juanjo, y nosotros dos, en el verano pasado, Begoña nos comentó que iba a ir, con unas amigas suyas de turismo a Nueva York. Influenciado por el personaje que estaba el año pasado, y que sigue gobernando ese gran país americano, traté de explicarle que Estados Unidos ya no era el país acogedor que un turista europeo espera. Y seguramente me pasé, cosa que entre amigos a veces ocurre. Y hace unas semanas cuando Begoña leyó mi escrito sobre el susodicho presidente, le prometí que escribiría unas líneas en las que saldría ella. Helas aquí.

Un abrazo, Begoña.