martes, 5 de mayo de 2026

Procesiones y demás

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Las procesiones de este año, si hacemos caso a la abundancia de noticias y reportajes que nos ha ofrecido la televisión, y cuando digo la televisión, lo hago en plural, pues todas, absolutamente todas las cadenas, las de la Conferencia Episcopal y todas las demás, incluidas las que parecen no trabajar para la Iglesia, todas las televisiones absolutamente todas, nos han ofrecido imágenes increíbles, por muy acostumbrados que estemos los televidentes españoles. La forma en que nos dan las noticias, la manera en que subrayan la presencia de los participantes, su fe ciega en lo que dicen creer, nos hace pensar a qué se dedican el resto del año, después de que transcurran los actos y cada uno vuelva a su casa.

Algunos medios escritos, que en cuestiones políticas se sitúan  a la izquierda del partido que gobierna, nos explican que no todos los que procesionan son religiosos, que hay hasta no creyentes, que en definitiva no hay relación entre los que salen disfrazados y los no creyentes, que entre estos hay una proporción similar a la que hay entre los otros.  También nos explican que la forma en que los locutores nos hablan del Cristo o de la Virgen en cuestión no tiene nada que ver con sus íntimas creencias. Y, claro, esto me ha traído a la memoria un año -o quizás dos-, no lo recuerdo exactamente, cuando salimos los amigos de entonces que estábamos en el bachiller superior, con el equipo que nos dejaron en la iglesia de San Francisco de Santander e hicimos las procesiones con el chirigote, o como se llame, en la cabeza. Y algunos éramos creyentes en aquél entonces.

En definitiva, debemos tener en cuenta, y yo el primero, que el asistir a las procesiones no incluye relación alguna con las creencias, lo mismo que el bautizo, la boda religiosa y etcétera; en esa misma iglesia, celebramos los bautizos de mis nietos españoles con toda la alegría del mundo.

Pero quiero hablar también de los “papelitos”, porque me parece que también tienen una influencia de la fe, aunque esta cosa no tenga que ver con la fe religiosa, pero genera algo parecido. Me explico: los que peinamos canas recordaremos esos papelitos, aquellas hojitas cuadradas o rectangulares, hechas para ayudarnos en la vida, en las dificultades de la vida, más bien. El que tengo en la mano en este momento, encontrado hace unos pocos días en el suelo, como era habitual, viene a decir así:

NO HAY PROBLEMA SIN SOLUCIÓN

Nos muestra su número, que tengo bajo mis ojos y es un obsequio del Profesor Sussi, nada menos. Esta eminencia nos soluciona cualquier tipo de problema que necesitemos resolver: negocios, enfermedades crónicas, relaciones de pareja, familia, suerte, enfermedades crónicas, exámenes, juicios, dinero, trabajo, protección, empresa, etc.

Utiliza una técnica ancestral procedente del pueblo mandinga (Senegal), que ha sido transmitida de generación en generación hasta llegar a mí a través de su padre.

Solamente necesita tu fecha y lugar de nacimiento, el apellido de tu madre y tu lugar de residencia. Puede trabajar de forma presencial o a distancia. No se compromete con ningún trabajo hasta tener la garantía de que puede darte solución.

Resultados 100% garantizados. Te atiende a domicilio si no puedes desplazarte, solicita consulta.

Los recuerdo perfectamente, como decía en el comienzo.

Todos venían a decir lo mismo, salvo unas frases que no se 

me  me han olvidado, y que más o menos decían "rompemos 

amarres y/o “especialista en atar relaciones”. Seguro 

que ustedes lo recuerdan. De esto han pasado como mínimo  treinta o cuarenta años.

NO HAY PROBLEMA SIN SOLUCIÓN

 ¿Podemos ver algún parecido entre estos papelitos y el contenido de muchas cosas religiosas? Esta gente es de Senegal e imagino que lo que pretenden es ganarse la vida, ¿verdad?, pero ¿creerán algunos de ellos en esa técnica ancestral? ¿habrá españoles que, creyendo más o menos, caen en estas prácticas por si acaso?

La ignorancia y la escasa cultura pueden llevarnos a situaciones muy curiosas, lejos del desarrollo cultural que todos debiéramos tener.

 

 

 

 

 

 

 

 

 




 

 

 

 

 

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