Esta afluencia de malas y
peores noticias con pésimas expectativas me tiene –imagino que a ustedes
también– muy preocupado. Pero de vez en cuando aparece algo que nos hace ver el
panorama desde otra óptica. Lo que ha cambiado mi estado de ánimo ha sido una
fotografía en la que podían verse cuatro o cinco personas, entre ellas, el
presidente de Vox y su equivalente en los obispos españoles. Y lo que señalaba
este último era la urgencia de elecciones, no crean ustedes que, en la cúpula
episcopal, no, no, elecciones digo para el Congreso Español. Y parece ser que
ambos personajes mantienen estas reuniones. Es de imaginar que en otra ocasión
le tocará al de Vox manifestar la conveniencia de elecciones eclesiales o como
se diga.
Porque la actual situación
española, como saben ustedes, está al borde del caos, también en lo económico. Al
menos eso parece cuando escuchamos o leemos que trimestre tras trimestre y año
tras año, el Producto Interior Bruto (PIB) no hace otra cosa que disminuir, las
empresas grandes y las pequeñas van cerrando todas, los salarios bajan en
consonancia, el seguro de paro para los despedidos ya no existe, las pensiones
de los jubilados crecen a un mísero porcentaje, creo recordar que al 0.25%,
etc., etc., etc. La violencia en las calles aumenta día y noche; las señoras
ancianas siguen sin poder bajar a comprar el pan por miedo de que al volver les
hayan ocupado su piso, mientras la ley defiende y protege a los ilegales, sobre
todo si son negros. Aunque hace un par de días hemos sabido de una española de
95 años a la que quieren expulsar de su piso un día de estos, pero se lo están
pensando. En fin, ¿qué decir si ustedes conocen mejor que yo esta situación
económica española de miseria y sinsabor? Solo un rayo de claridad puede
iluminar esta lamentable situación. Se dice, se rumorea, que entre las
propuestas del episcopado español está la de convertir los conventos -valga la
redundancia- de las ciudades españolas en residencias para la juventud que no
puede sufragarse un piso, pues los conventos se encuentran vacíos de monjitas.
Y en las propiedades rurales, con construcción o sin ella, dicen que la Iglesia
se ha quedado con miles de esas propiedades, gracias a una ley de
inmatriculación o algo así -no me hagan mucho caso- y piensa ahora en repartir esas
tierras a los inmigrantes sin techo para que puedan ganarse el sustento y así
matar dos pájaros de un tiro.
No sé qué les parece a
ustedes, pero en esas elecciones próximas es de esperar que los obispos obtengan
un buen resultado, junto con los patriotas de Vox. Y seguro que se les sumará el
PP, que va de remolque.