Estaba yo dando un paseo por un parque al que pocas veces acostumbro a ir cuando de pronto, una figura caminando delante de mí se me hizo conocida. Apreté el paso y, efectivamente, era más que conocida, le toqué suavemente el hombro, volvió la cabeza, y algo se iluminó en sus ojos
-Hombre!, eres tú, me dijo.
-Hola Lucas, cuánto tiempo sin vernos…
-Así es, seguro que no me has necesitado.
-Pues no, pero también he estado muy ocupado.
-Qué raro que no me hayas llamado…
-Pues ya ves…pero mira por dónde, nunca se sabe, yo que
siempre estoy dándole vueltas a las cosas igual me vienes bien en estos momentos…
-Pues venga, hombre, suelta lo que sea.
-Mira Lucas, estaba yo dando vueltas al socialismo, a la
socialdemocracia, a las elecciones que están por llegar en el horizonte…
-Y claro, no le ves sentido a esos conceptos, ¿verdad? Tú
ya sabes que el socialismo tiene muchos años y decenios a sus espaldas, digamos
los mismos años que el comunismo, del que se distingue en la salida práctica
que da a las masas, o sea, el comunismo busca llevar a las masas obreras a la
revolución, en tanto el socialismo escoge una vía, digamos electoral, en la que
plantea sus reivindicaciones obreras. El paso del tiempo hace aparecer la
socialdemocracia cuyas reivindicaciones pueden ser más suaves, más democráticas
como su propio nombre indica. En definitiva y resumiendo aún más, tú ya sabes
lo que es un partido comunista el cual situamos más a la izquierda en tanto, el
socialismo que no es tan radical, mira desde su sitio en la izquierda a la
socialdemocracia, si podemos decirlo así. Las respectivas masas trabajadoras,
como podemos ver en los actuales sindicatos, reflejan esos conceptos. La
socialdemocracia, por su parte, ha crecido más que el socialismo en los países
centro-norte europeos, y podríamos decir que su lucha por el proletariado se ha
desarrollado con más fuerza, en parte porque el capitalismo en sus países
estaba también más desarrollado. Piensa, por ejemplo, en Alemania y los países
nórdicos. Fíjate la lucha, que llevan ya más de dos años, los trabajadores
suecos en la planta de coches Tesla, propiedad de Elon Musk, que tiene un
concepto decimonónico de los derechos laborales, como era de suponer.
-Pues vaya, Lucas, no esperaba yo que en tan pocas palabras
me soltaras tantos conceptos.
-Hombre, estos son temas que si no resumes no acabas nunca,
y me parece mejor así.
-Y, ¿una aplicación práctica para nuestra actual situación?
-Pues no me pides nada, pero trataré de hacerlo. Lo primero
que yo haría es cancelar el sistema este de las comunidades… o al menos,
modificarlo.
-Pero, ¿qué me dices? No se enterará nadie, ¿no?
-No, hombre no, a menos que tú lo cuentes por ahí.
-No estoy tan loco.
-Bien, pues escucha: Yo pienso que las comunidades pueden
mantener sus poderes sobre todo lo que quieran, cultura, lengua, bandera, etcétera,
pero nada en absoluto sobre los temas monetarios. Ahí debe quedar todo,
absolutamente todo en manos de un ministerio o varios, hacienda, industria,
desarrollo, etc., de modo que todo lo relacionado con el dinero deberá ser
manejado en forma totalmente centralizada.
-Pero ¿qué me dices?
-Atiende. El sistema actual ha jugado sus bazas y ahora
debe volverse a lo de siempre. Te explico: No se puede consentir que en una
autonomía se lleven unas políticas económicas y en la de al lado, otras. Imagínate
que gana ese partido sin criterio alguno, como podría ocurrir con el que te
estás imaginando. Recuerda lo de Milei en Argentina. Allí no se lo esperaban y
mira ahora. ¿Cuántos millones estaría dispuesto a poner sobre la mesa el amigo
Trump para ponernos en la misma situación con la motosierra? Yo diría que
estamos en el umbral de una situación en la que hay que asegurar bien las cosas
económicas.
-Hombre…
-Sí, sí, eso hay que amarrarlo bien, y en España hemos
entrado en una época en la que el folklore, los idiomas y demás ya no son el
peligro; nunca esas cosas son de temer; en el centro no tenemos ese peligro folklórico,
para entendernos; ahí el peligro es otro y hay que asegurarse que no continúen
personas sin conocimientos, de lo contrario puede pasar cualquier cosa.
-Pero Lucas, ¿qué me estás diciendo?
- ¡Hombre! ¿Es que se puede consentir que cualquiera, sin ninguna
idea, tome el avión y cruce el charco para poner en peligro las relaciones con
terceros países, con los que el gobierno central, que es el único responsable, está
mejorando? Entretanto, de esa misma autonomía no conocemos el destino de
ciertas partidas presupuestarias gastadas en lo que quieren o les interesa o no
vienen al caso.
-Lucas, me dejas de piedra…
- Pues apunta esto: o el gobierno central reacciona
inmediatamente o nos vamos al hoyo.
-Pero hombre…
- Mira, las horas están contadas y ya sabes que construir
miles de viviendas no se hace de repente. Los datos macroeconómicos,
ciertamente, son muy buenos, pero con eso no se come. Es urgente que el Partido
Socialista Obrero Español cumpla con sus tres últimos adjetivos: españoles ya
sabemos que somos, o vascos, catalanes, gallegos, etcétera; Obreros, Empleados
y Jubilados también tenemos claro que lo somos o lo seremos. ¿Dónde paran los
beneficios anuales, que suelen ir in crescendo? Pregunta en las bolsas
neoyorquinas o londinenses etc. Allí van a parar mayormente.
-Para, para, Lucas, ¿no estarás hablando de otra revolución?
-No, hombre no. Nada más lejos de mis ideas. Te hablo de
que una parte de esos capitales debe servir a las personas que los hacen
posibles. Esas personas que son buenos trabajadores, hábiles, leales, que a
veces dejan la vida en su diario quehacer, esas personas te digo, tienen pleno
derecho a que una parte de esos beneficios quede en el país, para reinvertirlo en
mejores salarios, pensiones y condiciones laborales …
-Perdona Lucas, se me está haciendo tarde.
- ¿No te gusta lo que te he dicho?
-No hombre no, no es eso, de verdad, es que me están
esperando...
-Bueno, pues nada… adiós.
-Adiós, Lucas, adiós.
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