viernes, 7 de agosto de 2026

La creación (1)

 



Siempre nos ha rondado la idea –a las mentes más independientes, todo hay que decirlo -de que el origen de la vida hay que situarlo en el exterior de este nuestro torturado mundo; que esa vida en algún meteorito llegó a la Tierra y pacientemente se afincó, se desarrolló y, sobre todo, dio lugar a tantas manifestaciones vitales como podemos reconocer hoy en día. Desde los años 60 los científicos descubrieron restos de moléculas en alguno de esos meteoritos venidos de lejos, moléculas que se reconocen como esenciales para el desarrollo de la vida; pero no todas las moléculas precisas para tal objetivo; no el ADN completo, para entendernos.

 

Mas los científicos son personas que no se quedan con el primer descubrimiento, siguen hurgando, perfeccionan sus instrumentos y, en definitiva, no descansan; no en vano ése es el sino de la inteligencia. Pues bien, ahora un investigador japonés ha publicado en una revista científica que, gracias a un nuevo método para separar los restos orgánicos, ha encontrado la presencia de las moléculas que faltaban. En consecuencia, la idea de que los precursores de la vida pudieron llegar del espacio exterior ha salido reforzada. Aquella suposición de que no era lógico que la vida se hubiera producido solo en nuestro planeta, y que en nuestra misma galaxia ha de haber otros planetas con condiciones similares al nuestro, en suma, que en definitiva debiera haber vida en otros planetas y otras galaxias, gana en verosimilitud.

 

La edad de la tierra que habitamos se estima en el entorno de los 4.500 millones de años y en unos 1.700 millones de años se cifra la existencia de vida; esa vida primitiva, algas, hongos, mohos, continuó su desarrollo y hace unos 500 millones de años aparecen las primeras plantas en la superficie de la tierra y luego los primeros vertebrados, que se alimentan de esas plantas; los dinosaurios, que tanto predicamento tienen gracias al cine, a los doscientos y pico millones de años. El primer ser que podemos considerar humano, el homo antecesor, con los conocimientos de hoy, aparece hace algo más de mil millones de años; y el Neandertal, del cual conservamos cierta genética, que hace acto de presencia hace 450.000 años. Desde ese momento hasta nuestros días, todo es mejor conocido.

 

Así que ya tenemos una somera idea de los millones de años que han tenido que pasar desde que aquellas moléculas fueran juntándose hasta convertirse en vida; cuanto hasta que una forma de esa vida llegara a dominar la escena, siempre a costa de otras formas menos evolucionadas. Y de ahí a comprender que esos humanos, tras sentirse más fuertes que los demás animales, gracias a esa misma inteligencia superior, hayan elaborado relatos sobre su origen; de ahí a verse como sucesores de un ser universal creador de todo lo que existe no va tanto. Eso y no otra cosa son las religiones, que como sabemos guardan una enorme semejanza entre ellas. Queda pues muy poco tiempo para que gracias a la ciencia tengamos respuestas. Entonces, las religiones perderán su sentido.      

 

Si la vida aquí viene de otro planeta, de otra galaxia, mucho más vieja que la nuestra, habrá quienes sitúen en esa parte la vida, creada entonces por una deidad mucho más potente que la nuestra.

 

En un magnífico artículo de divulgación, Josep M. Trigo Rodríguez, Investigador Principal del Grupo de Meteoritos, Cuerpos Menores y Ciencias Planetarias, del Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-CSIC), concluye que  estamos acostumbrados a ver inmensas nebulosas en las que se están formando estrellas, como la nebulosa Carina, que el Sol no nació solo y que esto no nos debería sorprender, para concluir que a la luz de todo lo aprendido del Cosmos, los humanos no somos sino materia estelar consciente.

 

Que las moléculas se hayan juntado –de la forma en que eso se haya hecho- y se hayan convertido en vida; haya sido en agua, en tierra, en forma vegetal primitiva; en la forma más primitiva de carácter animal; que esa forma llegara a dominar la escena, a costa de otras menos desarrolladas…; todo eso nos suena, más cuántos más millones de años hayan pasado.

 

Y de ahí a comprender que esos humanos, después de sentirse más fuertes que los demás animales, que gracias a esa misma inteligencia superior hayan elaborado relatos sobre su origen; y que de ahí a verse como sucesores de un ser universal creador de todo lo que existe no va tanto. Esto y no otra cosa son las religiones, que como sabemos guardan una enorme semejanza entre ellas.

 

Queda muy poco tiempo para que gracias a la ciencia tengamos respuestas. Como queda señalado más arriba, entonces las religiones perderán su sentido. ¿Alguien pregunta por las procesiones? ¿Perderán también su sentido? Prometo entrar en este asunto, si cuando llegue la ocasión yo sigo vivo.