Siempre nos ha rondado la idea
–a las mentes más independientes, todo hay que decirlo -de que el origen de la
vida hay que situarlo en el exterior de este nuestro torturado mundo; que esa
vida en algún meteorito llegó a la Tierra y pacientemente se afincó, se
desarrolló y, sobre todo, dio lugar a tantas manifestaciones vitales como
podemos reconocer hoy en día. Desde los años 60 los científicos descubrieron
restos de moléculas en alguno de esos meteoritos venidos de lejos, moléculas
que se reconocen como esenciales para el desarrollo de la vida; pero no todas
las moléculas precisas para tal objetivo; no el ADN completo, para entendernos.
Mas los científicos son
personas que no se quedan con el primer descubrimiento, siguen hurgando,
perfeccionan sus instrumentos y, en definitiva, no descansan; no en vano ése es
el sino de la inteligencia. Pues bien, ahora un investigador japonés ha publicado
en una revista científica que, gracias a un nuevo método para separar los
restos orgánicos, ha encontrado la presencia de las moléculas que faltaban. En
consecuencia, la idea de que los precursores de la vida pudieron llegar del
espacio exterior ha salido reforzada. Aquella suposición de que no era lógico
que la vida se hubiera producido solo en nuestro planeta, y que en nuestra
misma galaxia ha de haber otros planetas con condiciones similares al nuestro,
en suma, que en definitiva debiera haber vida en otros planetas y otras
galaxias, gana en verosimilitud.
La edad de la tierra que
habitamos se estima en el entorno de los 4.500 millones de años y en unos 1.700
millones de años se cifra la existencia de vida; esa vida primitiva, algas,
hongos, mohos, continuó su desarrollo y hace unos 500 millones de años aparecen
las primeras plantas en la superficie de la tierra y luego los primeros
vertebrados, que se alimentan de esas plantas; los dinosaurios, que tanto
predicamento tienen gracias al cine, a los doscientos y pico millones de años.
El primer ser que podemos considerar humano, el homo antecesor, con los
conocimientos de hoy, aparece hace algo más de mil millones de años; y
el Neandertal, del cual conservamos cierta genética, que hace acto de
presencia hace 450.000 años. Desde ese momento hasta nuestros días, todo es
mejor conocido.
Así que ya tenemos una somera
idea de los millones de años que han tenido que pasar desde que aquellas
moléculas fueran juntándose hasta convertirse en vida; cuanto hasta que una
forma de esa vida llegara a dominar la escena, siempre a costa de otras formas
menos evolucionadas. Y de ahí a comprender que esos humanos, tras sentirse más
fuertes que los demás animales, gracias a esa misma inteligencia superior,
hayan elaborado relatos sobre su origen; de ahí a verse como sucesores de un
ser universal creador de todo lo que existe no va tanto. Eso y no otra cosa son
las religiones, que como sabemos guardan una enorme semejanza entre ellas.
Queda pues muy poco tiempo para que gracias a la ciencia tengamos respuestas.
Entonces, las religiones perderán su sentido.
Si la vida aquí viene de otro
planeta, de otra galaxia, mucho más vieja que la nuestra, habrá quienes sitúen
en esa parte la vida, creada entonces por una deidad mucho más potente que la
nuestra.
En un magnífico artículo de
divulgación, Josep M. Trigo Rodríguez, Investigador Principal del Grupo de
Meteoritos, Cuerpos Menores y Ciencias Planetarias, del Instituto de Ciencias
del Espacio (ICE-CSIC), concluye que
estamos acostumbrados a ver inmensas nebulosas en las que se están
formando estrellas, como la nebulosa Carina, que el Sol no nació solo y que
esto no nos debería sorprender, para concluir que a la luz de todo lo
aprendido del Cosmos, los humanos no somos sino materia estelar consciente.
Que las moléculas se hayan
juntado –de la forma en que eso se haya hecho- y se hayan convertido en vida;
haya sido en agua, en tierra, en forma vegetal primitiva; en la forma más
primitiva de carácter animal; que esa forma llegara a dominar la escena, a costa
de otras menos desarrolladas…; todo eso nos suena, más cuántos más millones de
años hayan pasado.
Y de ahí a comprender que esos
humanos, después de sentirse más fuertes que los demás animales, que gracias a
esa misma inteligencia superior hayan elaborado relatos sobre su origen; y que
de ahí a verse como sucesores de un ser universal creador de todo lo que existe
no va tanto. Esto y no otra cosa son las religiones, que como sabemos guardan
una enorme semejanza entre ellas.
Queda muy poco tiempo para que
gracias a la ciencia tengamos respuestas. Como queda señalado más arriba,
entonces las religiones perderán su sentido. ¿Alguien pregunta por las
procesiones? ¿Perderán también su sentido? Prometo entrar en este asunto, si cuando
llegue la ocasión yo sigo vivo.
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