sábado, 26 de septiembre de 2026

Moros y negros

 


A menudo hace falta sumergirse en procesos anteriores para encontrar algún parecido con los actuales y compararlos y extraer alguna explicación. En esta ocasión vamos a volver al año 2000 y a Almería como destino. Almería, capital y provincia, se encuentra al sureste de la península ibérica y modernamente es conocida por su agricultura, la que los almerienses han sabido hacer crecer y exportar a toda España y gran parte de Europa. Los productos de las huertas, aunque me parece que ya no será propio llamarles huertas. Adelantemos que hoy en día ya la parte central de la provincia es conocida como "La huerta de Europa". Pues bien, a mediados del pasado siglo se empezó a mejorar una agricultura que empezaba a dar sus frutos. En un país de escasas lluvias, era necesario extraer el agua, canalizarla y regar la tierra. Lógicamente, se fue mejorando y en este siglo el producto de la tierra salía ya para toda Europa. En esos años, rodando por la autopista del Mediterráneo, que atraviesa la frontera francesa, se podía ver el número sin fin de camiones frigoríficos con ese destino. Muchos de ellos llevaban pegado en la parte trasera el típico emblema almeriense del Indalo.

Como todos imaginamos, ese proceso conllevó el crecimiento de la población de El Ejido, que pasó a ser la capital de esa parte de la provincia. Actualmente, sus habitantes rondan los 95.000 en un proceso que parece no tener fin. Como es lógico, a El Egido han llegado inmigrantes, aparte de españoles y marroquíes, de todos los países que podamos recordar. Pues bien, en febrero del año 2.000, murieron asesinados dos agricultores y diez días después una chica joven. Como podemos suponer, algo totalmente inusual, un golpe increíble para toda la comarca y para toda la provincia. Pronto empezaron a organizarse protestas, barricadas, con heridos y destrozos en las discretas viviendas de los inmigrantes, no solo en El Egido, sino también en otras localidades. Según parece, la ira se descargó mayormente sobre marroquíes. Se decía incluso que los inmigrantes de color no eran capaces de tales barbaridades, que solo los marroquíes podrían ser los responsables.

Como comprenderán, esto implica que la población autónoma sentía contra los marroquíes una inquina especial. ¿Por qué? ¿Por qué se distinguieron cuando la entrada de la guerra de Franco? Se decía también que estos tienen un especial mirar a las mujeres. Yo me inclino a que todo fuera posible, y que está más generalizado ese mal mirar español hacia los moros que hacia los negros.

Viene esta disección a cuenta de la situación en Ceuta. Como saben, Ceuta y El Ejido están frente a frente, solo separadas por el Mediterráneo. Ceuta tiene una población similar a la de El Ejido. Y, al igual que Melilla, ambas están rodeadas de moros y, ¿cómo podría ser de otra manera?, es de pensar que ambas tienen la desconfianza perenne en esa raza. Y viene el gobierno marroquí y permite el acceso de miles y miles de marroquíes a Ceuta. ¿Y qué pensarán los españoles peninsulares de esa entrada? Sí, está claro. Ellos van tomando posiciones en las mencionadas ciudades. Esto no es otra cosa que tener el enemigo en casa. Marruecos se abstiene de retirar a sus ciudadanos al continente (es como disponer de una quinta columna en tierra); los partidos españoles de derechas observan cómo el gobierno español no hace nada en vez de disponer de la fuerza y forzar la salida de esos jóvenes del país. Van pasando los días y la situación no cambia, y el silencio español se toma como falta de criterio.

Sabemos que el mayor factor del actual desarrollo español es la disposición de mano de obra barata para la construcción, y sobre todo, para los empleos que genera el turismo. Un país sin crecimiento poblacional precisa de quienes estén dispuestos a cualquier trabajo de esa clase. Y Marruecos responde a lo que queremos. Y resulta contradictorio que seamos tan reacios a los orígenes.

¿Qué nos creemos que somos los españoles? ¿Quizás es que nos gusten más las camareras suecas en bikini? Esos jóvenes que están tirados en Ceuta debieran estar ya en la península, recibiendo una preparación laboral, por estrecha que sea. Pero la política nacional española es como es. Como siempre, los pequeños y medianos empresarios nacionales seguirán votando a los partidos de derechas en el error de que estos les representan a ellos.

domingo, 13 de septiembre de 2026

Un agosto peñiscolano

 





Ha pasado el mes de agosto y, antes de que se nos olvide, creo que convendría analizar las características principales que nos ha dejado este mes veraniego. Características que, a mi modo de ver, me parecen las más importantes y/o novedosas, desde el lugar donde yo he visto pasar el mes.

Lo primero que se me ocurre es la invasión de turistas y meros visitantes. He estado en Peñíscola, sin faltar un solo mes de agosto, exactamente cuarenta y cinco años consecutivos, y en todos esos años el crecimiento de visitantes ha sido constante. Al principio, entre los españoles destacaban los catalanes, aragoneses y madrileños; ahora sigue lo mismo, solo que en cantidades inmensas. Han crecido los hoteles, las pensiones, los apartamentos, etc. Entre los extranjeros, ganan los franceses, como es lógico, y se ven también matrículas nórdicas, por poner un ejemplo. Y cada año ha superado los anteriores, como decíamos más arriba.

¿Y el famoso y esperado 12 de agosto? ¿Quién renunció a vivir la experiencia de ver la luna pasando delante del sol, dejándonos casi a oscuras? ¿El gentío buscó y llenó los lugares más apropiados? El Ayuntamiento había preparado lugares apropiados para aparcar el coche y ver el dichoso efecto. Felizmente, no hubo heridos. Y aunque el próximo año Peñíscola no esté ya en medio de la ruta del eclipse, algo se podrá apreciar y habrá quienes se esforzarán por verlo dos veces.

Entre los turistas no podemos dejar sin citar familias sudamericanas, de todos los orígenes, al igual que norteafricanos, aparte de los que atienden bares o comercios, ya que coincidían en el trabajo y el paseo. Así que estas familias de turistas han de ser familias de trabajadores españoles. Solo así se explica y resulta coincidente con los datos nacionales de la inmigración sudamericana y africana en nuestro país. Familias que trabajan en distintas ciudades españolas durante el invierno para, al llegar agosto, como cualquier familia española, tomarse también sus vacaciones. Igualmente, aunque menos numerosas, han sido las mujeres norteafricanas -no distingo entre argelinas y marroquíes, aunque imagino que la inmensa mayoría serían marroquíes, aunque pudiera haber también saharauis-, todas ellas con sus curiosos ropajes, las cabezas cubiertas y sus maridos en plan occidental.

Una gran novedad ha sido que se podía pasear por las aceras, al no haber vendedores ambulantes, como en otros años anteriores. En efecto, el exceso de paseantes fue suficiente para hacer imposible pasear por las aceras, como en años anteriores.