martes, 8 de noviembre de 2011

Maquiavelo








Como les aventuraba hace unos días, Papandreu ha conseguido con su jugada política implicar a la oposición en un gobierno de concentración  nacional; los comentaristas políticos han traducido como derrota de nuestro hombre el hecho de que este gobierno de escaso vuelo y gran responsabilidad vaya a ser presidido por un tercero. Parece que será un gabinete de tecnócratas a cuyo frente estará Papademos –me encantan los apellidos griegos-  y, cumplida su misión de poner en marcha las medidas más restrictivas que hasta este momento podamos imaginar, convocará nuevas elecciones.

¿Quién ha dicho que  a estas elecciones no podrá presentarse Papandreu? Y si no lo hiciera porque el Pasok presente otro candidato más idóneo, y gana las dichosas elecciones, ¿dónde está la derrota?

Como les decía el pasado día lo absurdo es que el Pasok hubiera corrido a solas con el coste político de los recortes, pues como se dice en mi pueblo, a escote nada es caro. ¡Qué distinto hubiera sido el debate que presenciamos ayer si desde el 10 de mayo del 2010, nuestro país hubiera estado gobernado por la actual oposición o, al menos, por un gabinete de coalición! Ni habríamos asistido al suicidio político de Zapatero y de todo el Psoe, ni encararíamos ahora el gobierno retrógrado e incapaz que vamos a tener desde el 21 próximo.