Pertenezco a ese 9% de españoles que no desean que Madrid gane el derecho a organizar las olimpiadas del 2020, que imagino que muchos menos serán los que se crean tal estadística. Y lo sentiré por los deportistas que pudieran tener una oportunidad en tal ocasión, pero no por los que pierdan el nueve por ciento de comisión de los 4.000 millones largos de euros -luego serán muchos más, claro- que dicen que hay que gastar todavía en la ciudad más endeudada del país.
Soy de los que opinan que España tiene otras necesidades más acuciantes en las que invertir y que el deporte debiera estar en el lugar que le corresponde en la escala de gasto.
Y finalmente, no me siento representado por esas personas a quienes nadie ha elegido, uno porque es hijo del rey, el otro porque su padre fue presidente del comité olímpico y el otro porque representa al deporte español, estructura democraticamente opaca donde las haya.