Asturias, así como otras muchas de las provincias españolas, es un depósito histórico sin fondo, podríamos decir. Como lo es Cantabria y
gran parte del norte cantábrico. Una vez con el continente americano a la
vista, la oportunidad que este planteaba y la necesidad de desarrollo de esas
provincias propiciaron la abundancia de viajes a aquellos parajes. Y por lo que
sea, en cuya cuestión no vamos a entrar ahora, se hizo que los asturianos, los
cántabros, los vascos y los gallegos muy pronto apuntaran, cada uno, en
distintas partes de aquel continente. Por ejemplo, los de mi tierra montañesa
eligieron mayoritariamente lo que ahora es México; cosa parecida hicieron los
astures y los vascos. Los gallegos eligieron la Argentina, mientras los
canarios se inclinaron por la actual Venezuela.
Estos repartos territoriales llevaron muchísimo tiempo,
desde finales del siglo XVI hasta finales del XIX. Y partir hacia las Américas
era un sueño por cumplir que no siempre se podía llevar a cabo; con el paso del
tiempo se veía si el viaje pagaba el esfuerzo de cumplirlo, o se pagaba con la
enfermedad o con la vida. Los que nos hemos criado en un pueblo, como es mi
caso, escuchábamos hablar de fulano en términos positivos, atestiguado por un
familiar, o por contra, la mala suerte arrastrada por otro desde que salió de
casa; este tampoco volvía, claro está. Esto, como es lógico, en pleno siglo XX,
como entenderán ustedes; ¿qué no se comentaría en los siglos anteriores, aunque
los medios de comunicación fueran muchísimo más limitados?
Así que los apellidos y los acentos se fueron repartiendo por
doquier en aquel nuevo mundo, lo que no excluye que un apellido gallego o
vasco, por citar los extremos peninsulares, se expandiera en lugares distintos a
los que hemos dicho, más los otros que venían del centro o del sur; no en vano
todos ellos eran peninsulares. Y el deseo por enriquecerse se daba por doquier,
incluidos extranjeros.
Esta exposición no tiene otro interés que situar en el
difícil camino, en una forma general, la evolución de las distintas estirpes
desde el origen hispano a la actualidad. Les aseguro que es una tarea, para mí,
difícil de llevar a cabo. Les hablo de un apellido que ha dejado su rastro en
México, Venezuela, Colombia y otros países centroamericanos, dejando en todos
ellos una fama, una riqueza, un saber hacer nada común. Y encima, se supone que
su apellido busca raíces en Asturias. Y citando dos lugares, ambos en Asturias,
pero no tan próximos entre sí.
Tengo cierto conocimiento de la Asturias oriental,
específicamente de Llanes. Y en mis paseos he solido aparcar el coche al pie
de una finca, bien cerrada, situada cerca de la autopista A-8, y no lejos del ferrocarril
de vía estrecha. Y la última vez que pasé por el lugar, observé una mejora en los
cierres, en las paredes, en las diversas construcciones de una finca que se
compone de capilla, edificios residenciales y otros más. Sobre lo demás, destacaba la lápida que nos daba el nombre de la finca: La Espriella, palabra
cuya traducción en español es lugar áspero. Ahora comencé a entender el cambio,
de modo que fotografié esas novedades, que estaban a la vista claramente. Y
unas fechas después conocí, como ustedes, el resultado en las elecciones colombianas:
Abelardo de la Espriella se había alzado con la presidencia de su país, y a tal
celebración habían acudido otros presidentes como Milei de Argentina, Noboa de
Ecuador y Kast de Chile. También el ínclito Infantino, a quien conocen ustedes
como presidente de la FIFA. Quizás faltó Trump, el ídem de USA. Y por España
asistió el rey Felipe VI de España, cuya presencia no acabo de entender.
Así que ya hemos visto cómo alguien que porta el nombre de un lugar, apellido que se ha extendido por varios países americanos, ha llegado a un alto nivel político. Si han leído hasta este punto, les ruego que me sigan tal y como les propongo: La foto que les ofrezco es lo que yo conocía de veces anteriores. Pero ahora les muestro lo que llamó enormemente mi atención: la limpieza de la nueva grabación, la, diría yo, intención de que apareciera un apellido coincidente con el nombre del lugar. Ahora ya pueden ver la dichosa foto, y recordar el nombre del político que en las últimas elecciones ha ganado, con mayoría, eso sí, el ascenso a la Presidencia de Colombia. Para que quede todo bien claro, les puedo asegurar que un descendiente de ese paraje llamado La Espriella, que hay que decirlo, Espriella significa en bable lugar áspero, como hemos dicho, lleva ese mismo apellido. Al menos, digo yo que simpatizantes suyos, con órdenes o sin ellas, serán los que han llevado a cabo la mejora del lugar. Porque finalmente he de decirles que, para mí, el lugar no es tan áspero. ¿Y quiénes serán esos simpatizantes? Será difícil que no sean militantes de algún partido político. Y más difícil que no sea Vox. Y puestos a afinar, me inclinaría por Figaredo, máximo representante del partido en Asturias y en España.
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