sábado, 20 de agosto de 2022

Lucas y la propiedad (y 3)

 



Ha sucedido algo increíble, ni en sueños lo hubiera podido imaginar. Lucas me ha dejado un aviso en el móvil para que le llame. Así que, ni corto ni perezoso, eso hago. A ver si le pillo de buen humor.

- Hola Lucas, soy yo, gracias por llamarme.

- No se merecen. Quisiera contarte unas pocas cosas más, pero antes, hay algo que me extraña que no me hayas preguntado.

- ¿Y qué es?

- Hombre, pues el límite de la propiedad, es decir, cuándo estamos hablando de la gran propiedad, cuándo de la pequeña.

- Ah, claro, no es lo mismo, obviamente.

- Pues eso. Entenderás que no estoy en contra de la propiedad en sí, sino de la gran propiedad y de su transmisión automática vía herencia y, encima sin impuestos, como tienen a gala hacerlo diversas comunidades autónomas en un alarde de eso que ahora se llama neoliberalismo, por diferenciarlo del liberalismo del que ya hemos hablado. Pues bien, no es fácil establecer un límite a la propiedad, ni sería lo mismo en un país que en otro, ni en diferentes áreas climáticas. El latifundio y el minifundio no son conceptos definidos ni inmutables. Ni es lo mismo hoy que hace cien años, ni lo será en otros cincuenta, pongo por caso. En nuestra España se han llevado a cabo concentraciones parcelarias, para obtener fincas mayores y sacar partido a una incipiente maquinaria agraria. ¿Recuerdas aquellos famosos poblados nuevos del Plan Badajoz, en la época de Franco? Son cuestiones de sentido común. Pero las fincas, más grandes o más pequeñas, en las que trabaja una familia, son bien distintas de aquellas otras fincas, digamos las del señor conde; éstas son las que yo borraría de un plumazo. Como se decía antes, la tierra para el que el la trabaja.

- ¡Hombre Lucas!

- Ni hombre, ni vainas, el tamaño también puede quedar definido por la mera exclusión, por la separación física. Mira, en Inglaterra los cisnes blancos en las orillas del Támesis y del Avon, por ejemplo, son propiedad de la Reina, quién anualmente ordena hacer el recuento para comprobar que su población sigue una línea normal, y, por supuesto, está rigurosamente prohibido perseguirlos, por no decir matarlos. Los cisnes campan a sus anchas por el río y sus aledaños, y no verás ningún cartel que diga está usted entrando en una propiedad real. Pero todos los ingleses saben de quién es esa tierra cuyos límites definen los cisnes. ¿Te das cuenta qué sutileza?

-¡Coño! Pues es verdad…

- Y eso en un país en el que coexistían propiedad privada y propiedad comunal, como en todos los demás, de modo que los campesinos ingleses se servían de esa propiedad comunal para añadir al fruto de los campos propios. Pues bien, desde el siglo XII, hemos asistido a un proceso de usurpación de esos terrenos, proceso que en algún momento se tradujo en violentos alzamientos populares. Ese proceso de cercar esas propiedades libres, que se conocen como cerramientos supuso el empobrecimiento de los pequeños campesinos y su éxodo a las ciudades, éxodo que vino muy bien para disponer de mano de obra barata para la incipiente industria inglesa. También hay otros que dicen que un efecto positivo del robo manifiesto fue la mejora en los cultivos, ya que los que habían perdido la tierra no tuvieron otra opción que agudizar el ingenio

- Vaya, vaya…

- Y otra cosa de la que podríamos hablar es del agua, su disposición y su uso. Es un tema complementario del de la propiedad, y no menos grave, y van muy unidos.

- Pues muy interesante todo lo que me has comentado, Lucas, y eso del agua promete serlo también, pero ya te lo imaginas, no dispongo de más tiempo. Los nietos están a la espera.

- Pues llámame cuando lo tengas.

- Así lo haré. Hasta luego Lucas.



Nota final: Un amigo – así lo considero –, asiduo lector de estas líneas, y argentino para más señas, me ha comentado que en su país el campo apenas paga impuestos y mucha exportación de grano se realiza ilegalmente a través de puertos privados en el río Paraná. Se lo comentaré a Lucas, y la verdad es que no creo que se sorprenda en absoluto.

¿Ustedes qué piensan? Ya saben que no hay centroamericano o sudamericano que se precie, que no disponga de una o varias cuentas en Miami; esto explica muchas cosas.





miércoles, 10 de agosto de 2022

Lucas y la propiedad (2)




 

Bien, he de continuar con Lucas; miedo me da su reacción, pero si quiero que siga explicándome este asunto de la propiedad, no tengo otra solución. Veamos.

- ¿Lucas? Soy yo otra vez.

- ¿Y qué quieres?

- Hombre, ya sabes, que continúes ilustrándome sobre el derecho a la propiedad.

- ¿Hasta donde tú quieras, como la otra vez?

- En serio, es que no podía continuar, ya te lo dije.

- Y ahora, ¿vas a poder?

- Te lo prometo.

- Veremos. Una pregunta: ¿Qué te pareció lo de arrebatar fincas y conventos a la iglesia?

- Fuerte, ¿no?

- ¿Fuerte? Pues sucedió hace doscientos años. Y no se hundió el mundo. Ni España. Ni había comunistas por aquél entonces. Aparte de que la operación conviniera al Estado y a ciertos estamentos sociales, el nuevo concepto del liberalismo fue adelante con la idea sin pensárselo dos veces.

- Pues tienes razón, tuvieron agallas.

- Y ahora mismo, doscientos años después como te digo, nos encontramos con que los monjes del Valle de los Caídos siguen celebrando misas en el aniversario del glorioso alzamiento nacional, y el obispo de Palma de Mallorca litiga con unas monjitas que residen en un convento que legalmente pertenece al obispado tras un proceso de inmatriculación, siguiendo la ley que promulgó aquél presidente.

- Quién, ¿Franco?

- No hombre, un hijo ideológico suyo, el que se llama Aznar.

- Pero Lucas…

- Y por el otro lado, en el convento que es de clausura, ante la escasez de vocaciones, hay monjitas traídas de otros mundos. Al parecer, esa clase de inmigrantes pueden venir, son admitidos, los otros no.

- Joder, Lucas, tienes para todos.

- Es que hay para todos, eso es lo que pasa. ¿Te has parado a pensar, ya que has citado el nombre de aquél general gordito, de voz atiplada, en su política de construcción de pantanos y regadíos? El Estado expropiaba terrenos y montes, construía la presa, si había aprovechamiento hidráulico iba en beneficio de una empresa eléctrica, y aguas abajo se construían los canales para regadío en beneficio de los terratenientes que tanto habían sufrido durante la guerra incivil. Siempre ha sido igual. Fíjate que aún en los albores de este siglo que vivimos había terratenientes, algunos de alta alcurnia, que cobraban con la aquiescencia del gobierno español una subvención de la Política Agraria Común europea por cultivar lino cuando en realidad tenían las fincas en barbecho. Eso sí, con profusión de banderas rojigualdas; a españoles no les gana nadie.

- Hombre, Lucas…

- Es que es así querido. Ahora se trata de cultivar hasta en terrenos colindantes con Doñana, pero con el agua del Parque, claro está. Pero no pienses que fuera de España no pasa nada. Mira en USA, por ejemplo, los terratenientes perciben una subvención estatal imprescindible para que su actividad alcance los beneficios mínimos. Así ellos pueden exportar por doquier, haciendo una competencia desleal a los agricultores de países pobres que no reciben subvención alguna. Y a esto se le llama libertad de mercado y defensa de la competencia. Yo cuando voy a comprar garbanzos al súper, por ejemplo, miro de dónde vienen. Y si son americanos sigo buscando. Pero mira también el caso de Argentina: como la cosa está como está, el gobierno argentino grava con un impuesto especial del 33% la exportación de grano, principalmente soja, para tratar de nivelar sus cuentas. No les discuten la propiedad pero les meten un buen bocado, ¿qué te parece?

- Escucha Lucas, me parece muy interesante lo que me estás contando, pero es que tengo que ir a recoger a mis nietos a la salida del cole, y no quiero que te enfades conmigo. Te propongo que paremos aquí y yo vuelvo a llamarte en cuanto pueda, que seguro que tendrás más curiosidades que contarme. ¿Qué te parece?

- Bueno, siendo así, conforme. Pero mira, para acabar del todo dame dos minutos, solo dos minutos. Sabrás que según Estrabón, geógrafo romano, en su época, hace dos mil años, una ardilla podía cruzar toda la península ibérica de rama en rama. ¿Sabes porqué ahora no podría? Porque tras la desamortización, los nuevos propietarios talaron bosques y bosques para recuperar la inversión. ¡Hala! Vete a cuidar tus nietos. Y llámame cuando me necesites.

- Lo haré, lo haré. Hasta luego, Lucas.


(continuará)