jueves, 24 de octubre de 2019

De rezos y responsos




Viendo algunas imágenes del día, de la exhumación de Franco quiero decir, me han venido a la cabeza unas cuantas cosas que no logro entender acerca de las creencias y prácticas religiosas. Vamos a ver si logro explicarme nítidamente, contando con la buena fe y voluntad de las personas creyentes a quienes no es mi intención molestar. Quiero, simplemente, aplicar un poco de racionalidad, desde mi punto de vista, como es lógico.
He visto que ha habido varias ocasiones con rezos y responsos por el hace tiempo fallecido. He escuchado que se ha hecho cuando se le ha sacado de la tumba, al introducirle en el coche funerario, en su nuevo destino, etcétera.
Si mi memoria no me falla, Dios es justo y, a la vez, misericordioso, y nos prometió que con la muerte nada acaba, y que estaremos a su diestra en el cielo por toda la eternidad gozando de su presencia. Para los que no han tenido un comportamiento terrenal exento de pecados su paso por el limbo es previo a lo dicho anteriormente, pero también sabemos que lo del limbo ya no vale, seguramente por la infinita misericordia del creador. Entonces, si creemos en lo antedicho, tanto los justos como los pecadores tendrán un trato parecido allá en el paraíso. Por consiguiente, Franco, que fue la bondad personificada y un firme adalid de la verdadera iglesia (le sacaban bajo palio, lo cual supone un enorme reconocimiento por parte de la propia iglesia) hubo de ascender a los cielos en el instante mismo en que acabó su periplo terrenal.
Siendo esto cierto, poca falta le hacen más misas y rezos, como no sea para pedirle que interceda por nosotros pecadores ante el altísimo, cosa por otro lado, innecesaria, si creemos firmemente en la misericordia divina.

jueves, 17 de octubre de 2019

"El procés"






Aquellos que me leen – pocos por cierto-, lo saben bien: yo nací en La Cavada, en la casa del puente, y desde la ventana de la cocina, yo podía ver el susodicho puente, el arco de Carlos III, el paso a nivel y más a la izquierda, las tetas de Liérganes, y a sus pies la iglesia de Rucandio, donde me bautizaron. Mis padres, maravillosos, me dieron lo que tenían: educación, cultura, una manera de ser y un idioma. Con el tiempo he pulido un poco ese idioma – ya saben, los modismos geográficos-, y me gusta escribirlo y algo he hecho en este sentido.
Viene esto a cuento de que he visto en las redes un mensaje que cada uno puede suscribir, si quiere, y que viene a decir: “mi lengua es la segunda más hablada del mundo”. Bien ¿y qué? A mí, como ustedes imaginarán, me gusta la lengua en la que escribo, pero por eso no me siento especialmente orgulloso. Tampoco lo estoy por haber nacido donde nací, a pesar de la hermosura del paisaje y de la calidad de sus gentes. O sea, que tengo poco de nacionalista, o más bien, nada. Que yo naciera en la Cavada, y todo lo demás, fue un mero accidente, una casualidad; como lo fue el hecho de que mi padre salvara el pellejo en la guerra que montó – para su gloria- ése que ahora van a sacar del Valle de los Caídos; tampoco creo que todos esos hechos y los que se nos ocurra mencionar hayan ocurrido porque alguien, en una remota y celeste región, haya tenido lo más mínimo que ver en su gestación o acontecer.
Dicho todo esto, comprenderán que el nacionalismo, la religión y los altos valores patrios me importan un bledo. Me importan otras cosas, y sobre todas ellas, las personas: su bienestar, su progreso, sus derechos...Por eso procuro respetarlas y, por eso respeto aquello en lo que otros creen, es decir, que sean nacionalistas, que sean creyentes, etc.
De modo que ya entenderán ustedes que no me guste la sentencia del procés. Y tampoco que muchos españoles, precisamente los que son nacionalistas españoles, se muestren en contra de esos otros nacionalistas. Los magistrados del Tribunal Supremo lo han dejado muy claro: nuestra labor ha llegado hasta aquí, nuestra misión como jueces acaba aquí, en adelante es el tiempo de la política, entiéndanse ustedes los políticos, ésta no es nuestra tarea, es estrictamente la suya.
Este asunto de Cataluña lleva más de diez años pudriéndose. Intereses políticos, en un bando y en el otro, parecen haber encontrado el mejor acomodo para conseguir réditos electorales, ganar elecciones, y, en definitiva, mantener las banderas enhiestas y engañar a los ciudadanos. No hay más que fijarse en varios casos recientes, a saber: se creó un partido en Barcelona a la sombra de la bandera española, y cuando entendieron que les interesaba políticamente abandonaron el país y se establecieron en Madrid. Otro caso, en otro escenario, en la última fase del período criminal de ETA, se les pedía insistentemente que dejaran de matar y se dedicaran a hacer política, como hacían los demás. Pero varios años después de que el Estado les venciera, ahora que se dedican a hacer política, se les tilda de ex etarras y asesinos. Y en un pueblo como Galdácano uno de ellos que está en la cárcel purgando sus varios y gravísimos crímenes dedica un tiempo a la pintura y se hace una exposición; se podrá criticar la calidad de su obra, pero nunca el hecho en sí.
Por último, en otro pueblo, Alsasua, el alcohol y la nocturnidad generan una pelea de bar a las cuatro de la mañana. Resultado: unos son mártires de la patria y los otros ocho han de cargar con penas de cárcel de entre año y medio a nueve años y medio.
Se ha repetido hasta la saciedad que Rajoy dejó que el asunto catalán se pudriera. ¿Qué pasará ahora con Pedro Sánchez? ¿Queremos que Cataluña acabe como Euskadi? ¿No llegará nunca en España el tiempo de la política?

jueves, 10 de octubre de 2019

Banderas y juramentos



Este artículo ha sido publicado en OP Machinery en su número de octubre.





De un tiempo a esta parte, ciudades, pueblos y aldeas vienen siendo engalanados, sin motivo especial aparente, con la bandera española. Unas veces se puede ver en balcones o ventanas o en mástiles ad hoc en jardines; nueva, con sus vivos colores, o ajada por lluvias y soles. Que yo recuerde, antes nadie tenía una bandera en casa. En las películas americanas veíamos aquellos ranchos solitarios con su molino de viento y, a menudo, con su bandera. Yo imaginaba que se debía a la tradición de conquista que fue la marcha hacia el oeste y así la bandera identificaba a sus habitantes: aquí vive un americano, hasta aquí he llegado para construir un futuro para mí y mi familia. Cosas así, pensaba yo. Nosotros, no necesitábamos demostrar nada: Ya saben, España es Cantabria, y lo demás, tierra conquistada.
Hoy en día, en Cantabria como en Asturias, tierras no holladas por el infiel sarraceno, se pueden ver tantas banderas como en Madrid, Levante o el Sur. Hay ciudades que rivalizan con su vecina para ver cuál la tiene más grande. También hay profusión de otras banderas, pensemos en Cataluña o en Euskadi, aquí con menos frecuencia que antaño. Se exhiben banderas en partidos de fútbol o en otros deportes, sean encuentros entre españoles o participe un equipo extranjero. Incluso aunque la mayoría de los jugadores provenga de otras latitudes nada hispanas -por cierto, subsiste la costumbre de visitar a la Patrona de la provincia para que nos dé suerte en la liga que comienza, y allí pueden verse jugadores negros, orientales, magrebíes y hasta judíos.
Es fácil entender que en esta invasión de banderas ha ayudado la tienda del chino. Ahí se pueden encontrar de todos los tamaños y a unos precios imbatibles, y para esas otras de plaza pública con mástil metálico de altura, hay un avispado fabricante de no recuerdo qué provincia que las puede suministrar.
Lo extraordinario es el auge patriótico que implica tanta bandera. Pero desde Napoleón, que yo sepa, ningún ejército extranjero ha hollado el suelo patrio, y Portugal o Francia disponen de otras estratagemas para invadirnos -por cierto, he de averiguar que debo hacer para obtener el pasaporte portugués: al fin y al cabo Portugal es una República y no tiene al Macron ese. Entonces, ¿a qué viene ese fervor patriótico? Pues ni más ni menos que al intento de una parte de la sociedad española de patrimonializar los símbolos para demostrar que la otra porción es menos española o nada española. Vamos, lo que se denomina patriotismo de balcón. Es decir, son patriotas de pacotilla, lucen los colores en las pulseras que adornan sus muñecas o en la cinta del sombrero que les cubre y hasta en la toalla que extienden en la playa. Y los que militan en esa ideología tienen un pase, pero los que no y no tienen suficientes luces como para darse cuenta, son consentidores. En otras palabras, se trata de un trampantojo.
El culmen de estas prácticas lo constituye la jura o promesa de la bandera, para lo que se requiere que hayan pasado 25 años de su jura en el ejército, ser español sin tacha, y poco más.
El próximo 16 de noviembre en Peñíscola se llevará a cabo solemnemente tal acto. Dense prisa pues el aforo está limitado a 500 jurandos, que podrán acudir con dos acompañantes cada uno. Y la última fecha hábil para apuntarse es el 11 de noviembre, cuando ya se sabrán los resultados de las elecciones de Pedro el Bello.
Yo posiblemente me la juegue y espere a ese día para apuntarme, pues si el resultado es el que Pedro se merece es mejor acudir, jurar y volver con el oportuno certificado de asistencia. Por si acaso.
En caso contrario, colgaré de mi balcón la bandera tricolor, que también es española. Por mucho que les pese a algunos.
Y, sobre todo, recuerden lo que decía El Roto en una de sus recientes viñetas: “Si tiras del hilo de cualquier bandera, se deshace el fanatismo”.

miércoles, 2 de octubre de 2019

Notas de septiembre






Uno. Ustedes sabrán disculparme si no tratamos de Pedro Sánchez, pero creo que será mejor que le dejemos en paz para que pueda dormir tranquilo. Un líder de su categoría bien se merece nuestro respeto.

Dos. De quien si podemos hablar es de Pablo Iglesias. Ha anunciado que volverá a pedir la vicepresidencia para sí mismo, puesto que su renuncia tenía la fecha de caducidad de la convocatoria electoral anterior, lo cual me parece lógico. Otra cosa es que, para esta nueva convocatoria, no cambie un ápice su planteamiento; la experiencia debiera haberle enseñado algo.

Tres. También debemos hablar de Íñigo Errejón. Su estrategia de no presentarse en circunscripciones donde pueda dañar el resultado de Podemos me parece loable. Y aún más si explícitamente hubiera pedido el voto para su anterior partido en esas provincias. No está obligado pero hubiera sido un gesto honroso, desde mi punto de vista.

Cuatro. De la manifestación por la crisis climática del viernes puedo decirles varias cosas, a saber:
- la inmensa mayoría eran chavalas de bachiller, algunas acompañadas de sus novios o compañeros de clase.
- también acudieron sus abuelas, más que sus abuelos.
- no lograron atraer a sus padres.
Yo lo interpreto de la siguiente manera: el género femenino es quien ha cuidado y cuida de la humanidad y el que cuidará el planeta, pero el hecho de que estas manifestaciones se iniciaran en viernes, en horario lectivo, no debiera ser óbice para que ahora se hicieran un poco más tarde, cuando los padres hayan vuelto del trabajo y los abuelos terminado su partida de mus; creo que lograrían concitar muchas más adhesiones.
Dicho lo cual, la manifestación fue multitudinaria. Enhorabuena, chicas!.

Cinco. El tribunal Supremo acaba de señalar que no hay motivo para otro retraso en vaciar la tumba de Franco y, en consecuencia, el Gobierno en funciones puede proceder legalmente a la exhumación y traslado de los restos al cementerio de Mingorrubio. La duda que aparece es si se hará de inmediato o se esperará al inicio de la campaña electoral. ¿Ustedes qué piensan? Yo, -ya se lo imaginan ustedes-, me inclino por el segundo supuesto.

Seis. Septiembre se ha cerrado con la desaparición de Jacques Chirac, alcalde de París y Presidente de la República Francesa. Un político de derechas que estuvo contra la guerra del Golfo. Hoy en día, personajes que no le llegarían a la altura de sus zapatos, gobiernan países como USA, Inglaterra o Brasil, y a punto ha estado de ocurrir en Italia. ¿Hacia donde vamos?

Siete. Un grupo de legionarios – ya saben, ese cuerpo de ejército que fundó Millán Astray, y donde “nada importa su vida anterior”, según su himno-, han estado tomándose unas cañas en una terraza catalana, con las armas a sus pies. La explicación oficial es que venían de maniobras, los conductores de los autobuses habían cumplido su horario reglamentario y las armas estaban descargadas. “Cada uno será lo que quiera”, -repito, según su himno-, pero los funcionarios del Estado no deben beber en acto de servicio.

Ocho. El preso Urdangarín ha accedido a una mejora de sus condiciones carcelarias en absoluto frecuentes para los demás penados. Además de su situación tan especial en cuanto a cárcel y régimen de visitas. ¿No tiene nada que decir el Gobierno en funciones?. La Casa Real ¿tampoco?

Nueve. Se ha difundido la noticia de que la sanidad pública va a sufragar un método para que los fumadores abandonen su vicio. Conviene recordar que hace unos cuatros años se logró, al fin, proporcionar a los enfermos irrecuperables de hepatitis un medicamento (¿Sovaldi, quizás?) que los ponía a salvo de la Parca. Pregunta de un ex fumador: ¿Tan difícil es dejar de fumar? ¿Hace falta algo más que fuerza de voluntad?

Diez. La Diputación Foral de Vizcaya con la excusa de una norma fiscal para disminuir los impuestos a unos supuestos gestores de fondos que abandonarían la City londinense por la cosa esta del Brexit y se establecerían en el bocho bilbaino, ha aplicado dicha norma al Athletic de Bilbao, que se ahorraría 30 o 40 millones anuales en impuestos de sus jugadores de fútbol. Al final el asunto no ha cuajado, por presiones de unos y otros. Pero, ¿hasta donde puede llegar la imbecilidad humana y la fuerza del fútbol profesional?

Nota adicional. Aunque esta la hemos conocido en octubre, no me resisto a incluirla. Se nos dijo que la nueva convocatoria electoral tendría una semana oficial de campaña en vez de las dos habituales y que los electores podríamos solicitar la no recepción de propaganda electoral. Cualquier cosa con tal de no abrumar (¿aburrir también?) a la ciudadanía.
Pues bien, ayer, primero de octubre, pudimos ver al Presidente en funciones en un mitin callejero de precampaña aunque aún queden cuarenta días para el 10 de noviembre. ¿Estar en funciones exime de dedicarse a gobernar? O bien, ¿gobernar concede tanto tiempo libre como para dedicarse a labores de partido? ¿Se descuentan los días dedicados al partido de los emolumentos  presidenciales?