lunes, 26 de julio de 2021

Dos veces muertos





Mientras escribo estas líneas no se habla de otra cosa que de la nueva Ley de Memoria Democrática; el pasado 18 de julio se cumplieron 85 años de eso que algunos todavía conocen como el Glorioso Alzamiento Nacional, que dicho así debiera entenderse como si los españoles de entonces, en un acto de patriotismo sublime, se hubieran alzado contra una potencia extranjera que ocupara nuestro país. Pero no fue así, fue un perfecto golpe de estado orquestado por una parte del ejército que había jurado su fidelidad a la República, con la bendición de la cúpula eclesial, los partidos monárquicos, y los partidos de derechas; ocurrió que unos españoles se levantaron contra el poder legítimamente ganado en las urnas pues cinco años antes se había proclamado la República, y al no poder soportar esta “afrenta” se conjuraron para iniciar una guerra a muerte con el objetivo de destruirla. Todo esto lo conocen ustedes, como conocen que el bando insurgente inició una guerra de aniquilación que no cesó con el fin de las hostilidades, sino que continuó después de la cruenta guerra, ejecutando, las más de las veces a los prisioneros con juicios farsa e incluso sin ellos.


Ejemplos hay a raudales, y yo voy a contarles uno de entre esos miles, ocurrido en un pequeño pueblo con apenas doscientos habitantes, justamente tras la caída del Frente del Norte. Corría el otoño de 1937 y muchos soldados republicanos optaban por esconderse donde podían y otros, simplemente, volvían a sus casas a lamerse las heridas. Muy pronto, antes de un mes, empezaron a ser detenidos en sus domicilios y llevados a una prisión improvisada en el pueblo mismo.


En este caso, estamos hablando de cinco hombres de entre 22 y 40 años; los más jóvenes aún solteros y los mayores casados, dos de ellos con sendos hijos. La mayoría eran simpatizantes o militantes del Psoe o de la UGT. A los pocos días, al alba, como a algunos les gusta decir, elementos falangistas los sacaron de su prisión, manos atadas a la espalda, buscaron un lugar adecuado, les hicieron cavar su propia tumba y los mataron sin más miramientos.


En 2013, personas de la Asociación por la Memoria Histórica llevaron a cabo la exhumación y pudieron identificar sus restos, encontrando también cinco balas de máuser y dos de pistola. Pusieron en pie una roca adecuada y a ella adosaron una placa de bronce en su memoria. Era lo único que sus deudos pudieron hacer por ellos durante los 75 años transcurridos desde su vil asesinato. Pero al poco una mano alevosa, a martillo y cincel, borró la inscripción quedando su destrozo a la vista, se supone que como advertencia. Hemos de suponer también que no sería la misma mano que había intervenido en los hechos, que hubo de ser una mano joven, de alguien de hoy pero con las ideas de ayer, que de esa manera tan vil demostró la vigencia de esas ideas y volvió a perpetrar el mismo crimen; es en definitiva volver a matarlos, matarlos dos veces. En un lugar en el que ni durante el período republicano ni durante la guerra se produjo ninguna violación de derechos humanos.


En su memoria escribo estos octosílabos, deseando que esta vez, gracias a este gobierno presionado por comunistas, separatistas, filoetarras, venezolanos, republicanos y demás gente de mal vivir, la nueva Ley de Memoria Democrática dé al traste con todas estas barbaridades que aún se sufren y seamos una democracia más perfecta que la que tenemos hasta ahora.



Dos veces muertos





A los cinco de mi pueblo

los llevan los falangistas

por callejos y senderos.

Cavarán su propia tumba

y no hay juicio ni condena.


Por la histórica memoria

sus herederos elevan

un pequeño monumento

que en su honor erigen presto

hasta que gente alevosa

con martillo y con cincel

la placa escrita destroza.


Pero su recuerdo queda

en sus hijos y familias,

y entre la gente de bien,

que por siempre les recuerdan.

¡Ay! puebluco cuánto sufres

por tus hijos maltratados.

¡No cometieron delito

más que ser republicanos!













 

lunes, 19 de julio de 2021

Embriones, clonaciones y futuro (y 2)

Este artículo se ha publicado en la revista OPMachinery, en su número de junio-julio de 2021.




Pues bien, esos investigadores han creado algo parecido a un blastocisto, un modelo de embrión humano, y los han bautizado como iBlastoides, o blastoides inducidos; esperan con ello poder comprender las fases tempranas de nuestro desarrollo y prevenir abortos y defectos congénitos. Todo esto se refiere a la parte americana. Los australianos han partido de células madre, y sus “blastoides humanos” se parecen también a nuestros blastocistos, y esperan que a medida que avance la investigación estos blastoides imitarán cada vez mejor a los nuestros, lo cual llevará inevitablemente a cuestiones bioéticas. Por ejemplo, la norma aceptada por la comunidad científica mundial no permite llevar a cabo investigaciones más allá de los catorce días de desarrollo embrionario. Así que vean ustedes el hilo de conocimiento que viene desde San Agustín (uno de los padres de la Iglesia) hasta hoy mismo, y reflexionen sobre ello.



Que la Iglesia no defienda ni el bienestar ni la vida de millones de personas, ya sea en los lejanos continentes donde no es predominante, ni en el ramillete de países – cierto que cada vez menos numerosos- en los que tiene mayor arraigo, no cambia las cosas. Tampoco lo hace el hecho de que los estados propendan a elaborar sus propias leyes, fuera de la cobertura moral eclesial, y el aborto se autorice bajo distintas condiciones, y las propias mujeres, incluidas también mujeres creyentes, estén en cabeza de esta reivindicación. Huelga decir que el hecho de que el aborto esté autorizado no obliga a nadie a practicarlo, de la misma manera que nadie está obligado a celebrar un matrimonio con persona de su mismo sexo. Volviendo al inicio de este comentario, vemos cuán inveterada está la creencia ciega en lo que se dice desde el púlpito.



Y en una acera céntrica por la que paso muy a menudo, cerca de mi casa, frente a una clínica especializada en tratamientos de la mujer, incluido el aborto, en cuyo escaparate luce un letrero bien grande que recuerda que el aborto es un derecho, se pueden ver equipos de dos o tres personas, hombres o mujeres, jóvenes o maduros, a veces desgranando un rosario con una mano y mostrando con la otra un cartelito que dice estar a favor de la vida. Han estado en esa misión “apostólica” durante la pasada cuaresma, día tras día, todos los días de la semana. Me ha llamado la atención el empeño de esas personas, que por supuesto respeto, pero que me lleva a recordar el rezo de los niños musulmanes con sus movimientos repetitivos aprendiendo el corán, y también, ese desgranar las cuentas de sus rosarios, tanto entre musulmanes como entre judíos ortodoxos y otras religiones orientales. Porque, claro, eso no lo veíamos en nuestras calles a plena luz del día; ese rezo y ese estar mirando al enemigo – al maligno- como advirtiéndole, convierte el acto en militancia. Y ese repetir hasta la extenuación padres nuestros o avemarías solo se entiende como método para no pensar en otra cosa y seguir ciegamente las consignas de un obispo que, casualmente, encarna como pocos esa postura de una parte de la Iglesia española que no se resigna a la pérdida paulatina de su influencia, y sigue aquella vieja consigna de a Dios rogando y con el mazo dando. Y sigue también adelante con la inmatriculación de bienes ajenos en un proceso de expolio al pueblo español que, curiosamente, ningún gobierno está interesado en parar y reclamar para que se devuelvan a sus legítimos propietarios los miles de propiedades usurpadas. Alguien dijo que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de los cielos; o, al menos, eso dice la Iglesia, aunque ella predique la justicia, la caridad y la solidaridad mientras practica, justamente, lo contrario.


Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad, como se canta en La verbena de la Paloma. ¿Cuando se tardará en tener personas creadas a partir de embriones desarrollados en cultivos celulares? ¿No se habrán creado ya? ¿Dónde está escrito que ese impulso vital de millones de años que ha dado como resultado la vida como la conocemos ahora no pueda encontrar otra vía en su evolución?


¿Cuando se revisará el Concordato? ¿Cuando se conseguirá que la religión sea, a todos los efectos, simplemente una opción personal?






















 






lunes, 12 de julio de 2021

Comed, comed





Yo provengo, por parte materna, de una saga familiar de carniceros. El primero que puedo citar, aunque no lo conocí, es Daniel Rubalcaba, alias el Rojo. Sus hijos Alejandro (mi tío y padrino Jandro) fue carnicero en Solares, le siguió mi primo Cholo (Alejandro), y a éste un hijo suyo cuyo nombre no recuerdo. Otro hijo de Daniel el Rojo, mi tío Lipe (Felipe) fue carnicero en La Cavada, ayudado por mi prima Cuchi (María del Carmen), su hijo Daniel en el Astillero, Lipín en La Cavada, y Carlos, al que no recuerdo, en algún lugar de México DF. Su hija Miliuca (Emilia) fue carnicera en Liérganes, y sus hijos continúan la saga en esa localidad y Arancha, primero y Rocío después (ambas Quintanilla de primer apellido) empalmaron en La Cavada. Finalmente, Gonzalo Rubalcaba, el mayor de los hijos del viejo Daniel fue carnicero en Barre, Vermont, EEUU. Confío en que alguno de mis primos me corrija los errores que, seguro, he cometido en la sucesión de nombres.


Pero bueno, ya tienen ustedes una idea bastante aproximada de que en mi infancia en La Cavada no escaseara la carne, siendo mi madre de familia de carniceros. Sin embargo, qué quieren que les diga, de adulto cuando he podido elegir qué comer me he inclinado más por el pescado y la verdura. Actualmente, Íñigo Barandiarán en la carnicería que lleva su nombre (también le viene de saga) en la Plaza Easo de San Sebastián, podría contarles que soy un cliente asiduo pero muy modesto: un par de filetes de entrecot de ternera, bien finos, a la semana para mi mujer y para mí es todo el gasto, amén de media pechuga de pollo de caserío fileteada en fino; ésa es toda la carne que consumimos en casa.


El ministro español de consumo, Alberto Garzón es, además de comunista, un tanto soseras; ambas características, sobre todo la primera, son imperdonables en un país como el nuestro. Y, como ministro de consumo, ha tenido la virtud de decir con relación al consumo de carne, lo que nadie puede discutir ni negar, pues otra característica suya es ser comedido en sus declaraciones y veraz en lo que afirma. Pero claro, eso de ser comunista es imperdonable, hasta ahí podríamos llegar. Y ha llegado su compañero de gobierno, el que lleva la cartera de agricultura y ganadería y ha sacado esa vena carpetovetónica tan marcada entre los celtíberos y le ha puesto a parir, pretendiendo con eso defender a los ganaderos. Y el presidente del gobierno ha salido con una de las suyas, desdiciéndose de sus propias declaraciones de hace solo unos pocos días. En fin, lamentable, pues imagino que conoce la verdad sobre la situación de la carne, y si no debiera haberse enterado.


Y como tendrán las cosas más claras bebiendo de fuentes más expertas, les invito a clikar el siguiente link que habla de carne, de mataderos y otras cuestiones relacionadas :  https://www.eldiario.es/sociedad/diario-matadero-vida-planta-procesadora-carne-grande-latinoamerica_130_7257625.html


Verán ustedes que un matadero actual tiene muy poco que ver con aquél matadero municipal en el yo vi tantas veces cómo mi tío Lipe mataba una vaca de un certero puntillazo.










 

lunes, 5 de julio de 2021

Autovías (y 2)





Volvemos sobre esa idea de poner una tasa al uso de las autovías y también a las carreteras nacionales como medida apropiada para financiar su mantenimiento. La primera referencia de que dispongo data del 22 de febrero de este año, y es una declaración del presidente de Seopan, la patronal de grandes empresas constructoras y concesionarias de estas infraestructuras, en la que aboga por la creación de dicha tasa. La reacción a esta noticia ha sido la protesta: Bastante pagamos ya, el coche es como el pan, un artículo de primera necesidad en muchos casos, una subida para las clases medias y bajas es muy perjudicial en tanto que los ricos ni se enteran, así que lo paguen ellos y no nosotros, los salarios de muchos conductores sufrirían las consecuencias, etcétera, etcétera, etcétera. Ya saben, este tipo de razonamientos.


Por su parte, los ayuntamientos nos cobran con su famosa viñeta el desgaste que nuestros coches producen en el suelo urbano y nadie protesta; la población ya está habituada. Sin embargo, esos mismos ayuntamientos vienen tomando medidas para reducir la cifra de vehículos circulando por el casco urbano, favoreciendo fiscalmente la sustitución de los viejos motores de combustión por otros mecanismos más cuidadosos con el medio ambiente (excepción hecha de Madrid, ya saben que ahí hay más libertad), llegará el día en que todos los autobuses urbanos y los camiones de reparto habrán de tener motores eléctricos y contaminarán menos y harán menos ruido, la creación de aparcamientos gratuitos en las afueras, con servicio también gratuito de bus hasta el centro será una medida incuestionable y en fin, otras medidas que a ustedes se les ocurran. En definitiva el mundo del transporte va a experimentar – no digamos sufrir- grandes cambios.


Ahora se habla de la movilidad, no tenemos más que fijarnos en la panoplia de concejales o de consejeros autonómicos: siempre hay alguien que se dedica a la movilidad; igualmente en el gobierno central hay un ministro de transportes. Y éste sabe lo que cuesta mantener en condiciones aceptables el estado de las autovías y, por supuesto, lo que cuesta un kilómetro nuevo. Según afirma el presidente de Seopan, este año revierten a la titularidad pública unos 1,000 kms de autovías construidas y explotadas hasta ahora por esas empresas, lo que supondría el incremento del déficit público a partir del año próximo en unos 500 millones anuales.


La Diputación de Guipúzcoa viene cobrando desde hace unos cuatro años una tasa a los camiones que cruzan su territorio por la antigua carretera nacional N-1, convertida en autovía desde hace muchos años, tanto a los que van hacia la frontera francesa como a los que vienen de ella, mediante unos arcos (nada triunfales) colocados cerca de los extremos de la ruta; estos arcos identifican las matrículas y el cobro se hace después. Si ustedes ruedan por esta autovía o por la autopista que comunica todo el norte o la que va a Navarra y Aragón, podrán ver el enorme porcentaje de camiones con matrículas polacas, rumanas, búlgaras, eslovacas, checas, lituanas, letonas y estonias, por no hacer más larga la enumeración. Todos estos vehículos han sustituido a los matriculados en España y Portugal y demás países europeos. ¿Por qué? Porque las compañías de transporte han creado filiales en los países periféricos que hemos mencionado, donde los costes fijos son menores, empezando por los salarios y cargas sociales de los conductores, los gastos de matriculación, etcétera, con lo que se han ido quedando con la tajada a costa de las compañías tradicionales. ¿Que es justo, que no hay trampa? Desde luego que no, el mercado es libre, pero quizás debiéramos preguntarnos si hemos de ponerles una alfombra roja en nuestras autovías para que rueden más barato.


Y en el caso de los automóviles, lo normal puede ser que el mantenimiento de las carreteras sea pagado por el que las usa. Igual que en los ayuntamientos ¿no les parece?



Como decíamos en la primera parte, al desarrollo del transporte y a los avances de la medicina se atribuye el progreso de la humanidad; faltaría que desaparecieran las guerras, las persistentes hambrunas y las epidemias, y que se extendiera la libertad por doquier, para que el mundo fuera otro y sus habitantes más felices.