viernes, 21 de diciembre de 2012

Salingeriana





Creo que algunos imaginarían ya un desenlace como este: efectivamente, hoy, 21 de diciembre se acaba el mundo; y con el mundo acaba este blog. No nació con un designio de sobrevivir, aunque fuera virtualmente, más allá de este evento. Y si el mundo fenece sería un insulto a la razón que este blog perdurara. Porque, aunque importante y notorio, tampoco lo es tanto, para qué vamos a engañarnos.
Algunos de ustedes –bien pocos, ¡ay!- sentirán su falta; la inmensa mayoría ni siquiera serán conscientes de ello. Quizás, un día lo descubran, accidentalmente. Por mi parte, mientras alimentaba este blog, fui escribiendo una modesta novela, entre entrada y entrada. Trata de cómo la vida va pasando e influyendo en la nuestra propia sin que, la mayor parte de las veces, nos demos cuenta. De cómo decisiones ajenas a nuestra voluntad influyen en nuestra conducta, aunque no lo advirtamos. Para eso –si es que lo he conseguido- he dibujado un protagonista con un carácter un tanto especial, una especie de anti héroe, indolente, apático y dubitativo, a quién le cuesta tomar decisiones. O sea, alguien del montón, como suele decirse. Para conseguir esta novela, sólo han de hacérmelo saber, en estas mismas páginas, y se la enviaré vía e-mail, en formato pdf.
Y ya que este mundo es virtual, me atrevería a pedirles un favor: puesto que no les voy a cobrar, si la novela les inspira un comentario, déjenlo en estas páginas. Tengo para mí que, a pesar de este inminente fin del mundo, todo puede ser posible.
 Al fin y al cabo, ¿qué es una novela sino un mundo virtual y paralelo?

jueves, 20 de diciembre de 2012

La socialdemocracia



     Es este un artículo aparecido en la revista OP Machinery, en su número 4, de diciembre de 2012; espero que les resulte de interés.



Suele señalarse la caída de la Unión Soviética como la causante del fin del comunismo, como si éste hubiera sido una posibilidad real de organización desde los puntos de vista político, económico y social. En lo primero derivó hacia un sistema dictatorial sin límites, directamente responsable de millones de víctimas; en lo segundo, creó un sistema de producción a espaldas del mercado, ineficaz y tremendamente injusto; en lo tercero, la sociedad que alumbró fue una sociedad anquilosada que se ahogaba en su propio corsé. Lo cierto fue que la supuesta implantación práctica del socialismo real no había dado, ni de lejos, los frutos que algunos esperaban, y, en consecuencia, los partidos comunistas europeos fueron cayendo, sucesivamente, como un castillo de naipes; hasta el nombre hubieron de cambiar. Como consecuencia de esta caída, a nivel global, el equilibrio que existía se rompió, la guerra fría acabó y la ausencia de un contrapeso en el reparto de poderes, dejó barra libre a uno de los contendientes en todos los planos, el militar, el económico y también el ideológico.

Entretanto, los partidos socialistas europeos clásicos que habían derivado hacia formaciones socialdemócratas –aunque en algunos países, como Portugal, formaciones de derecha prostituyeran ese apelativo-, en sucesivos congresos, -recuérdese el Congreso Extraordinario de 1979 en el caso español-, paulatinamente, se fue abandonando el dogma marxista.

La globalización, la desregulación financiera, el crecimiento sin contrapesos del nuevo capitalismo, las políticas de Margaret Thatcher, de Ronald Reagan o del propio Bush, han ido minando en las últimas décadas lo que se conocía como estado del bienestar, aquella creación de las socialdemocracias europeas del norte de Europa y de la que en el sur apenas habíamos empezado a degustar las migajas.

En este contexto, cuya traducción en términos de pérdida de empleo y de recortes sociales es bien conocida, los partidos socialdemócratas no han sido capaces de encontrar una alternativa político-económica que embride la sed insaciable de ese capitalismo que mencionábamos más arriba. Así, veinte años después, la crisis financiera internacional, con la falta de una alternativa político-económica, parece que va a acabar con la socialdemocracia, incluidas la tercera vía y todas las variantes locales.

 Es el momento de preguntarse qué políticas pueden aparecer en el horizonte europeo, capaces de explicar las verdaderas causas de la crisis, ilusionar a los ciudadanos, conseguir que estos escapen a la tiranía mercantilista y que puedan enfrentar la situación sin perder de vista los verdaderos intereses de las personas.

O dicho de otro modo, ¿deben los partidos socialistas transitar por el mismo espacio que los de derechas o proceder a un cambio de rumbo que les sitúe en la senda que se les supone más propia? Y aún más, ¿qué posibilidades pueden tener los partidos socialistas actuales en un escenario a diez años vista, en un mundo sometido a la fría dictadura del nuevo capitalismo?

¿No habrá llegado ya la hora de buscar en la ecología, en el cambio climático, en las energías alternativas, modelos de desarrollo capaces de crear empleo sostenible? ¿No habrá, en movimientos como el 15-M, fuera de los estrechos corsés partidarios, señales suficientes como para entender el hartazgo por las políticas tradicionales e indicios de otras formas de expresarse? ¿No habrá un partido que recoja esas ideas?

lunes, 10 de diciembre de 2012

Mussolini





Mussolini –perdón, siempre me confundo, quiero decir Berlusconi- ha anunciado que vuelve a primera fila de la política italiana, con lo cual su partido dejará de apoyar a la coalición que sostiene al gobierno de Monti. Éste, ha anunciado la dimisión de su cargo y se convocarán nuevas elecciones.
Es presumible que la prima de riesgo italiana suba a partir de esta noticia. Y, como ustedes imaginarán, tal cosa hará la española.
¡Hay que ver que alargada es la sombra de ZP!

jueves, 6 de diciembre de 2012

Hoy es seis de diciembre





Hoy es seis de diciembre. Sí, conmemoramos la Constitución. Así, con mayúsculas. Aunque para muchos no signifique nada, para otros que tenemos más memoria –aunque sólo sea porque somos más viejos- sí tiene un significado.
Conocimos otros tiempos en que no éramos ciudadanos sino meros súbditos, dependíamos del capricho inmisericorde de una casta que hundía sus raíces en un lejano dieciocho de julio. Por eso, hace ahora treinta y cuatro años, había en nuestro país dos sentimientos alternativos, en cierta manera, contrapuestos: uno más radical: hacérsela pagar; otro más posibilista: hagamos algo que satisfaga, de la manera que sea, a todos. Se optó por esto último y se consensuó la actual constitución. Los que sinceramente la abrazamos, hubimos de pasar el trago del 23-F. A ellos no les había bastado, no era suficiente. Más sectores sociales se sumaron a la constitución y a la mayoría le pareció que sería mejor no tocarla.
Un melón cuando está en sazón tiene un hermoso aspecto, pero hasta que no se abre no se sabe a ciencia cierta cómo será el fruto que en su redondez alberga. Esta figura retórica de “partir el melón” se convirtió en la excusa para mantenerlo incólume, para no meterse en aventuras constitucionales que nadie sabe a ciencia cierta cómo van a acabar. Pero, como decimos más arriba, han pasado ya  treinta y cuatro años. Una gran proporción de la población española no alcanza esa edad, y me temo que son los que más están sufriendo la actual penuria. O mejor dicho, la van a sufrir, porque hasta ahora tienen una cobertura familiar –los que la tienen- pero cada vez más, tendrán que valerse por sí mismos. Y ellos y todos los demás tenemos derecho a, respetando la constitución –así, en minúsculas, no se la respeta menos-, querer modificarla. Para hacerla mejor, para adaptarla a los tiempos actuales, para hacerla más justa.
Se me ocurren dos aspectos en los que se podría entrar en debate: el sentido de la monarquía hoy en el siglo XXI, y las relaciones de España con la Iglesia, o si lo prefieren, la cuestión de la confesionalidad religiosa.
Hoy, seis de diciembre puede ser un buen día para estas cuestiones. Al fin y al cabo, nos hemos enterado de que la lesión de Messi en el encuentro de ayer no reviste mayor importancia. Quizás podríamos dedicarnos a cuestiones de mayor trascendencia, ¿no les parece?

lunes, 3 de diciembre de 2012

Corrupción y conmemoraciones




Ayer, el partido socialista fue doblemente señalado en los noticiarios. De una parte, conmemoraron el gobierno surgido de las elecciones del 28 de octubre de 1982, las del cambio, que tanta ilusión nos despertaron a millones de españoles; de la otra, pudimos ver al alcalde de Sabadell entrar a declarar ante el juez en el enésimo caso de corrupción del que personajes del mismo partido son acusados.
Se me ocurre una consideración: los casos de corrupción en el PSOE adquieren mucha mayor notoriedad y son más difíciles de aceptar que los de la derecha, aún teniendo menos gravedad. Compárese, por ejemplo este caso de Sabadell con los del ex ministro Matas o el caso Gürtel.
Y otra: nunca el socialismo ha estado con la monarquía, pero en este caso vemos que  un hermano del alcalde es concejal y su propia esposa, alto cargo. ¿Cómo puede el aparato del partido aceptar estos tejemanejes? ¿No es esa una manera de alentar la corrupción?