jueves, 24 de agosto de 2023

Estampas campestres (2)


 

He aquí un maizal en toda su exhuberancia; no es que sea muy grande, vemos el comienzo y el final contra unos eucaliptus y otros árboles que no distingo. Conozco el terreno, recuerdo haber visto una excavadora y alguna pala de orugas preparando la finca con esmero; se puede apreciar la ondulación resultante y, sobre todo la siembra milimétrica, como lo será la siega mecánica.

Cuando veo una imagen así siempre recuerdo la romanza del sembrador de la zarzuela La rosa del azafrán que dice: "Sembrador, que has puesto en la besana tu amor, la espiga del mañana será tu recompensa mejor, dale al viento el trigo y el acento de tu primer lamento de amor. Y aguarda el porvenir, sembrador" Poco importa, como comprenderán ustedes, que ahí se cante el trigo en tanto que lo que nosotros vemos es la posibilidad del maiz.




Y esto es una torca. O una sima, si se quiere. Y en términos más cultos una dolina. La foto no refleja la pronunciada pendiente hasta llegar a ese punto donde van a parar las alambradas. Créanme que es un verdadero embudo, y por mucho que llueva el agua que se desliza nunca se queda ahí abajo, desaparece al instante. Es ese agua lo que ha disuelto la roca que formaba el subsuelo hasta que se ha producido el hundimiento dando lugar al perfil que vemos hoy. Esto es lo que se llama una dolina, como decíamos más arriba, palabra que proviene de la actual Eslovenia, como todas las demás que describen un territorio kárstico, como el nuestro y el de los eslovenos.

Las torcas, simas o dolinas pueden ser más grandes o más chicas, cuevas y cavidades de distintas formas. Espero haber aclarado las dudas de algún lector que me lo ha preguntado.



 

Y para terminar, una foto que se explica por si misma e ilustra la pujanza de la naturaleza. Sólo añadiré que estas tres fotos, la de las vacas aseladas y las de los equinos, se situan en una circunferencia con un radio de un kilómetro, más o menos.

martes, 15 de agosto de 2023

Estampas campestres







Aseladas. Eso es, así es como están: aseladas. Si acudimos al diccionario de la RAE encontramos lo siguiente: Dicho de las gallinas o de otros animales: Acomodarse para dormir, normalmente en un lugar alto. No podemos pedir a las vacas que se suban al palo como las gallinas; aquellas prefieren tumbarse, aprovechando el rato para rumiar, después volverán a pacer; no tienen otra cosa que hacer en todo el día y a eso se dedican. Y en mi pueblo el verbo aselar se utiliza también para las vacas y cuando hablamos de las vacas se incluye al toro. En tanto que para referirnos a la Humanidad (femenino) basta que digamos el hombre, aunque ahora se haya puesto de moda decir el hombre y la mujer, o mejor la mujer y el hombre, si no podemos ser tachados de machistas. Normalmente, en el rebaño, se incluye al toro, que tiene su trabajo específico.


Aclarado todo lo anterior, la fotografía que han visto encima de estas líneas, hecha a eso de las diez de la mañana en un día soleado, nos muestra un pequeño rebaño, adecuado, eso sí, al tamaño del prado, como corresponde a un país de minifundio. Las vacas, tranquilas, bien aseladas se dedican a lo suyo.


Continuando en el mismo país minifundista, no es nada raro encontrase parejas de caballos o de burros, como los que se ven en las dos fotos que siguen. Pude ser que en el mismo prado haya otro caballo más u otro burro más. Normalmente estará apartado de la pareja, pero no se me ha ocurrido preguntarle la razón. Y puede haber alguien que al ver a las parejas en esa postura piense que están enfadados, o que cubren mejor la llegada de un enemigo por delante o por detrás. No, no son esos los motivos por los que adoptan esa postura en paralelo, casi tocándose. La razón es otra y muy simple; saben ustedes que todos los animales que viven en el campo defecan allí mismo lo que provoca la llegada de enjambres de moscas que acuden a esos residuos. Pues bien, nuestros cuadrúpedos, colocándose en esa postura, pueden aprovecharse del rabo del otro que en continuo movimiento, espanta las moscas de sus propios cuartos traseros, así como de la cabeza del compañero.


















 

miércoles, 9 de agosto de 2023

De vírgenes y madres

 




No se trata de criticar por criticar. En estas mismas líneas he dejado constancia de mi admiración por quien es capaz de escribir un artículo semanal, amén de una extensa producción literaria en un sinnúmero de novelas escritas y publicadas con gran éxito. Sí, estamos hablando de Arturo Pérez-Reverte, que es además miembro de número de la Real Academia de la Lengua, cuyo diccionario debo consultar yo media docena de veces para escribir, lo mejor que puedo, un articulillo como este de hoy.


Vocento es el mayor grupo editorial español en el campo de la prensa escrita, con 13 periódicos entre los que destaca ABC, el tradicional diario monárquico y católico, instigador en el golpe de estado de 1936, y en radio tienen una colaboración con la emisora Cope, ya saben, la de los obispos; de modo que no es preciso explicar su tendencia editorial. Cada domingo esos periódicos entregan a sus lectores la revista XLSemanal, donde encontrarán la firma de Arturo Pérez-Reverte.


Según parece, en la pasada Semana Santa la televisión catalana TV3 emitió un programa a cuenta de la Virgen del Rocío. Por cierto, esa fundación que se llama Abogados Cristianos, que habría que analizar qué tienen de verdaderos cristianos, ya ha presentado la correspondiente demanda ante la ley.


Pero volvamos a nuestro escritor. En su artículo del 21 al 27 de mayo, titulado “Humoristas, vírgenes y madres”, despotrica contra los primeros y pasa sobre las segundas para llegar a las terceras, donde argumenta que en todas las religiones antiguas, empezando por la egipcia y las del libro, existe el culto a la madre de la divinidad. Y nos dice que “más que por razones piadosas” es por esa maternidad por lo que las vírgenes se merecen y tienen el respeto de los hombres. Cita a las prostitutas de Cartagena, su patria chica, que en la Guerra Incivil impidieron el paso de los milicianos salvando así a la Virgen de la Caridad de Cartagena; debemos admitir, a la imagen, no a otra cosa. Seguramente, él entenderá cómo una prostituta puede seguir creyendo en virgen alguna; también hubo muchos sacerdotes que emplearon diestramente la pistola y el fusil contra los defensores de la República, pero a esos nunca se les cita; será que no vienen a cuento. En tanto que el conocido Enrique Jardiel Poncela escribió una novela titulada “Pero ¿hubo alguna vez 11.000 vírgenes?”, hará ya más de sesenta años, Pérez-Reverte nos dice que las vírgenes religiosas representan a las madres verdaderas para los hombres y las mujeres en la Semana Santa y otras parafernalias.


Por si acaso, he preguntado a varias personas, hombres y mujeres, si sienten también esa relación y el resultado ha sido unánimemente negativo. Yo añadiría que el amor que tuve por mi madre era muy parecido al que sentía por una tía, viuda de mi tío Domingo, fusilado por los “nacionales” y que pasaba largas temporadas en casa, y que por las otras tías sentía también algo especial, pero nunca jamás he sentido nada por una estatua o un lienzo de alguien que dicen que tuvo un hijo sin concebirlo y sin parirlo; a estos efectos siempre me he preguntado cómo puede ser posible que un ginecólogo, por ejemplo, crea en cosas así, pero haberlos, haylos, que diría Feijóo.


La gente, que es muy rara.






martes, 1 de agosto de 2023

Libros de sobra (3)


 



Otro lector y, sobre todo, amigo y poeta, me ha enviado la foto que han podido ver arriba, tomada en Alesanco, Rioja. Ya lo ven, una acera, una verja que deja entrever algo como una parte de un jardín, y sobre el saledizo del murete, una mesilla patas arriba, dispuesta a recibir libros e incentivar y permitir el intercambio. 


Es Alesanco – según vengo de enterarme- villa de recio abolengo, que hunde sus raíces en la Alta Edad Media, que ha sufrido la despoblación como tantos pueblos en nuestra geografía, y se vanagloria de haber sido la cuna del Marqués de la Ensenada, uno de los próceres de la Ilustración. El hecho de que ahora tenga exigua población me da que pueda ser, como en el caso de Celorio y La Cavada, el motivo de que uno de sus moradores quiera poner la cultura al alcance de todos los vecinos. No en vano algo más arriba se puede leer Si me quieres leer, cógeme.


¡Ojalá se cumpla ese deseo!