sábado, 22 de agosto de 2026

Una de apellidos

 




Asturias, así como otras muchas de las provincias españolas, es un depósito histórico sin fondo, podríamos decir. Como lo es Cantabria y gran parte del norte cantábrico. Una vez con el continente americano a la vista, la oportunidad que este planteaba y la necesidad de desarrollo de esas provincias propiciaron la abundancia de viajes a aquellos parajes. Y por lo que sea, en cuya cuestión no vamos a entrar ahora, se hizo que los asturianos, los cántabros, los vascos y los gallegos muy pronto apuntaran, cada uno, en distintas partes de aquel continente. Por ejemplo, los de mi tierra montañesa eligieron mayoritariamente lo que ahora es México; cosa parecida hicieron los astures y los vascos. Los gallegos eligieron la Argentina, mientras los canarios se inclinaron por la actual Venezuela.

Estos repartos territoriales llevaron muchísimo tiempo, desde finales del siglo XVI hasta finales del XIX. Y partir hacia las Américas era un sueño por cumplir que no siempre se podía llevar a cabo; con el paso del tiempo se veía si el viaje pagaba el esfuerzo de cumplirlo, o se pagaba con la enfermedad o con la vida. Los que nos hemos criado en un pueblo, como es mi caso, escuchábamos hablar de fulano en términos positivos, atestiguado por un familiar, o por contra, la mala suerte arrastrada por otro desde que salió de casa; este tampoco volvía, claro está. Esto, como es lógico, en pleno siglo XX, como entenderán ustedes; ¿qué no se comentaría en los siglos anteriores, aunque los medios de comunicación fueran muchísimo más limitados?

Así que los apellidos y los acentos se fueron repartiendo por doquier en aquel nuevo mundo, lo que no excluye que un apellido gallego o vasco, por citar los extremos peninsulares, se expandiera en lugares distintos a los que hemos dicho, más los otros que venían del centro o del sur; no en vano todos ellos eran peninsulares. Y el deseo por enriquecerse se daba por doquier, incluidos extranjeros.

Esta exposición no tiene otro interés que situar en el difícil camino, en una forma general, la evolución de las distintas estirpes desde el origen hispano a la actualidad. Les aseguro que es una tarea, para mí, difícil de llevar a cabo. Les hablo de un apellido que ha dejado su rastro en México, Venezuela, Colombia y otros países centroamericanos, dejando en todos ellos una fama, una riqueza, un saber hacer nada común. Y encima, se supone que su apellido busca raíces en Asturias. Y citando dos lugares, ambos en Asturias, pero no tan próximos entre sí.

Tengo cierto conocimiento de la Asturias oriental, específicamente de Llanes. Y en mis paseos he solido aparcar el coche al pie de una finca, bien cerrada, situada cerca de la autopista A-8, y no lejos del ferrocarril de vía estrecha. Y la última vez que pasé por el lugar, observé una mejora en los cierres, en las paredes, en las diversas construcciones de una finca que se compone de capilla, edificios residenciales y otros más. Sobre lo demás, destacaba la lápida que nos daba el nombre de la finca: La Espriella, palabra cuya traducción en español es lugar áspero. Ahora comencé a entender el cambio, de modo que fotografié esas novedades, que estaban a la vista claramente. Y unas fechas después conocí, como ustedes, el resultado en las elecciones colombianas: Abelardo de la Espriella se había alzado con la presidencia de su país, y a tal celebración habían acudido otros presidentes como Milei de Argentina, Noboa de Ecuador y Kast de Chile. También el ínclito Infantino, a quien conocen ustedes como presidente de la FIFA. Quizás faltó Trump, el ídem de USA. Y por España asistió el rey Felipe VI de España, cuya presencia no acabo de entender.

Así que ya hemos visto cómo alguien que porta el nombre de un lugar, apellido que se ha extendido por varios países americanos, ha llegado a un alto nivel político. Si han leído hasta este punto, les ruego que me sigan tal y como les propongo: La foto que les ofrezco es lo que yo conocía de veces anteriores. Pero ahora les muestro lo que llamó enormemente mi atención: la limpieza de la nueva grabación, la, diría yo, intención de que apareciera un apellido coincidente con el nombre del lugar. Ahora ya pueden ver la dichosa foto, y recordar el nombre del político que en las últimas elecciones ha ganado, con mayoría, eso sí, el ascenso a la Presidencia de Colombia. Para que quede todo bien claro, les puedo asegurar que un descendiente de ese paraje llamado La Espriella, que hay que decirlo, Espriella significa en bable lugar áspero, como hemos dicho, lleva ese mismo apellido. Al menos, digo yo que simpatizantes suyos, con órdenes o sin ellas, serán los que han llevado a cabo la mejora del lugar. Porque finalmente he de decirles que, para mí, el lugar no es tan áspero. ¿Y quiénes serán esos simpatizantes? Será difícil que no sean militantes de algún partido político. Y más difícil que no sea Vox. Y puestos a afinar, me inclinaría por Figaredo, máximo representante del partido en Asturias y en España.  







 

viernes, 7 de agosto de 2026

La creación (1)

 



Siempre nos ha rondado la idea –a las mentes más independientes, todo hay que decirlo -de que el origen de la vida hay que situarlo en el exterior de este nuestro torturado mundo; que esa vida en algún meteorito llegó a la Tierra y pacientemente se afincó, se desarrolló y, sobre todo, dio lugar a tantas manifestaciones vitales como podemos reconocer hoy en día. Desde los años 60 los científicos descubrieron restos de moléculas en alguno de esos meteoritos venidos de lejos, moléculas que se reconocen como esenciales para el desarrollo de la vida; pero no todas las moléculas precisas para tal objetivo; no el ADN completo, para entendernos.

 

Mas los científicos son personas que no se quedan con el primer descubrimiento, siguen hurgando, perfeccionan sus instrumentos y, en definitiva, no descansan; no en vano ése es el sino de la inteligencia. Pues bien, ahora un investigador japonés ha publicado en una revista científica que, gracias a un nuevo método para separar los restos orgánicos, ha encontrado la presencia de las moléculas que faltaban. En consecuencia, la idea de que los precursores de la vida pudieron llegar del espacio exterior ha salido reforzada. Aquella suposición de que no era lógico que la vida se hubiera producido solo en nuestro planeta, y que en nuestra misma galaxia ha de haber otros planetas con condiciones similares al nuestro, en suma, que en definitiva debiera haber vida en otros planetas y otras galaxias, gana en verosimilitud.

 

La edad de la tierra que habitamos se estima en el entorno de los 4.500 millones de años y en unos 1.700 millones de años se cifra la existencia de vida; esa vida primitiva, algas, hongos, mohos, continuó su desarrollo y hace unos 500 millones de años aparecen las primeras plantas en la superficie de la tierra y luego los primeros vertebrados, que se alimentan de esas plantas; los dinosaurios, que tanto predicamento tienen gracias al cine, a los doscientos y pico millones de años. El primer ser que podemos considerar humano, el homo antecesor, con los conocimientos de hoy, aparece hace algo más de mil millones de años; y el Neandertal, del cual conservamos cierta genética, que hace acto de presencia hace 450.000 años. Desde ese momento hasta nuestros días, todo es mejor conocido.

 

Así que ya tenemos una somera idea de los millones de años que han tenido que pasar desde que aquellas moléculas fueran juntándose hasta convertirse en vida; cuanto hasta que una forma de esa vida llegara a dominar la escena, siempre a costa de otras formas menos evolucionadas. Y de ahí a comprender que esos humanos, tras sentirse más fuertes que los demás animales, gracias a esa misma inteligencia superior, hayan elaborado relatos sobre su origen; de ahí a verse como sucesores de un ser universal creador de todo lo que existe no va tanto. Eso y no otra cosa son las religiones, que como sabemos guardan una enorme semejanza entre ellas. Queda pues muy poco tiempo para que gracias a la ciencia tengamos respuestas. Entonces, las religiones perderán su sentido.      

 

Si la vida aquí viene de otro planeta, de otra galaxia, mucho más vieja que la nuestra, habrá quienes sitúen en esa parte la vida, creada entonces por una deidad mucho más potente que la nuestra.

 

En un magnífico artículo de divulgación, Josep M. Trigo Rodríguez, Investigador Principal del Grupo de Meteoritos, Cuerpos Menores y Ciencias Planetarias, del Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-CSIC), concluye que  estamos acostumbrados a ver inmensas nebulosas en las que se están formando estrellas, como la nebulosa Carina, que el Sol no nació solo y que esto no nos debería sorprender, para concluir que a la luz de todo lo aprendido del Cosmos, los humanos no somos sino materia estelar consciente.

 

Que las moléculas se hayan juntado –de la forma en que eso se haya hecho- y se hayan convertido en vida; haya sido en agua, en tierra, en forma vegetal primitiva; en la forma más primitiva de carácter animal; que esa forma llegara a dominar la escena, a costa de otras menos desarrolladas…; todo eso nos suena, más cuántos más millones de años hayan pasado.

 

Y de ahí a comprender que esos humanos, después de sentirse más fuertes que los demás animales, que gracias a esa misma inteligencia superior hayan elaborado relatos sobre su origen; y que de ahí a verse como sucesores de un ser universal creador de todo lo que existe no va tanto. Esto y no otra cosa son las religiones, que como sabemos guardan una enorme semejanza entre ellas.

 

Queda muy poco tiempo para que gracias a la ciencia tengamos respuestas. Como queda señalado más arriba, entonces las religiones perderán su sentido. ¿Alguien pregunta por las procesiones? ¿Perderán también su sentido? Prometo entrar en este asunto, si cuando llegue la ocasión yo sigo vivo.