lunes, 11 de mayo de 2020

Saramago y la pandemia





Ocho semanas de confinamiento y sin saber cuántas nos quedan aún. Y ojalá que las próximas cinco o seis sean las últimas. Sea como sea es mucho tiempo que hemos dedicado a leer y, a veces, a escribir, amén de recibir memes, enviar algunos y contestar otros.

Estuve en enero en Lanzarote y pude visitar la casa-museo de José Saramago en Tías, cosa que les recomiendo vivamente. Esa casa parece haber sabido mantener la luz, el ambiente hogareño y la calma de cuando estuvo plenamente habitada en vida de nuestro escritor. Cierto es que hay zonas abiertas para la visita y zonas reservadas para la familia, pero la sensación del visitante es la de quien holla el lugar donde el escritor vivió, y no le resultaría extraño que apareciera en cualquier momento, que lo viéramos paseando o sentado en el jardín, o que lo encontráramos allí mismo en su mesa de trabajo, o en aquella otra más grande, donde ahora está gran parte de la biblioteca, y donde cada mañana repasaba en unos minutos las cuartillas escritas la víspera, para a continuación dictar a su secretaria lo que seguía, como si él mismo lo estuviera leyendo de otra cuartilla. Y después pasar a la cocina para tomar el café, siempre dispuesto para todos los visitantes, aquella cocina, pieza fundamental de la casa, lugar de reunión y de charlas, pero también, que ese y no otro es su auténtico destino y razón de ser, para satisfacer la necesidad de alimentarse.

Así que no tiene nada de particular que volviese con hambre de Saramago, y empezara, como la primera vez que lo leí, por Levantado del suelo, que me sigue pareciendo lo más genuino suyo, y donde, en páginas inolvidables por su frescura, pero también por su profundidad, se despliega a nuestro alcance toda su ideología de auténtico hombre de izquierdas, para seguir por Ensayo sobre la ceguera, que, irremediablemente, me ha llevado a establecer y encontrar varios parecidos y relaciones con la situación que atravesamos en nuestra actualidad.

Aislar, cuarentena, edificio ferial, residencias, manicomio vacío o campamentos de tiendas de campaña son algunos de los verbos y sustantivos que se repiten como en dos realidades paralelas. Como lo son el plato a la puerta o el aislamiento, también el interior.

El mundo está todo aquí dentro, dice la mujer del médico; los tramposos y los ladrones triunfan, y su triunfo es la desgracia para todos los demás.
En situaciones como la descrita en la novela y nuestra vivencia, se producen pérdidas de dignidad, aflora lo más primitivo, y lo que va en nuestros genes es la voluntad de sobrevivir sea como sea, a cualquier precio. Pero también vemos el reflejo de lo más sublime, no tenemos más que ver la entrega sin condiciones por parte de tanta gente en diversos oficios, a la par que la picaresca elemental por parte de otros que en condiciones normales quizás pasaran inadvertidos.

En la novela los ciegos pierden el sentido del ridículo con sus vestimentas, nosotros en la cuarentena salimos a hacer recados con ropas viejas que no usaríamos ni para hacer deporte en tiempos normales, o sin el maquillaje apropiado, o sin afeitar. La mascarilla nos iguala a todos, lo mismo que la ceguera. Queda algo de pudor que enseguida se pierde, y se entra en una forma de vida que nadie hubiera imaginado, porque como el mismo Saramago viene a decir nadie se muere de víspera

¡Cuantos parecidos podemos encontrar entre nuestro confinamiento y la cuarentena que los ciegos hubieron de pasar en el antiguo manicomio! Con la salvedad cierta de que, aunque podamos tener miedo al contagio, ellos estaban ya contagiados. Nosotros tenemos esperanza y la de ellos era menguante en cada instante de su oscura vida. Por concluir de alguna manera, su situación era igual de plana y desesperanzada para todos, en tanto, nosotros nos planteamos la salida, mejor o peor, y podemos pensar en los miles y miles de conciudadanos que irremediablemente van a ver perjudicadas sus ya más que exiguas condiciones de vida. En la ciudad de la ceguera las cartas ya estaban echadas; en nuestra sociedad podemos poner el acento en una salida que cambie las reglas de juego y se mueva por una mejora para los de abajo, una mayor igualdad para todos y una sociedad, en definitiva, más justa y más respetuosa para todos sus integrantes.

Si tienen un rato lean  Ensayo sobre la ceguera de Saramago.
No se arrepentirán.




Nota: hoy, 30 de junio, vengo de leer un artículo sobre nuestro autor. Léanlo aquí.

https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/Saudades-voce-Saramago_6_1033856614.html





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